Página 115

Por el 22-10-2010 en Cuentos, relatos e historias

12794book_pagesHace semanas me alegraba de ser por fin mayor de edad, hace unos días ya tenía veinticinco, ayer cumplí treinta y hoy soplo cuarenta velas. A este paso a las cinco de la tarde me jubilo y mañana moriré.

El tiempo discurre cuesta abajo y sin frenos y creo que ya veo el final del barranco.

Siempre pensé que el día que cumpliera cuarenta aquello iba a ser traumático, el día de mi ejecución, todo el pelo se me caería de repente, ya no se me levantaría nunca más ni podría mantenerme sobrio en una boda, pero ahora ya sé cómo es como es ese día.

Exactamente igual que los demás.

Y eso lo hace peor que la peor de mis pesadillas.

No recuerdo absolutamente nada reseñable desde mi niñez, excepto quizá mis hijos, que ayer aprendieron a decir “papá” y hoy a pedirme más dinero, es un balance bastante pobre.

Así que ahora ha llegado la hora de la rebeldía. He recuperado mis viejos vaqueros rotos y mi camiseta negra de los Rolling que mi madre, que en paz descanse, usaba de trapo para fastidiarme.

Ante el espejo mi barriga aflora peluda entre ambas piezas de ropa y el pantalón tiene un nuevo roto por la parte trasera, porque ponérmelos ha sido como esos contorsionistas que se encierran en una maleta.

Pero da igual, ensayo poses, debo recuperar el descaro de cuando era joven y “pasaba de todo”, tenía vida para hartarme y la derrochaba a manos llenas, incluso en el internado, en mi estancia en el seminario y en el grupo de canto de la parroquia, porque yo sí sé cómo se hace.

“Si quiero, si me lo propongo de veras, si creo con toda mi alma que puede hacerse realidad, se hará realidad”

Y lo que quiero es que todo sea como antes.

El libro de autoayuda de mi mesilla de noche bien que lo dice. La juventud no es una cuestión de edad, sino mental, y si le pongo una sonrisa descarada a la vida, ésta me la devolverá con creces y me colmará de regalos. Yo, y sólo yo, creo mi mundo y mi energía cuántico-vital lo transformará en lo que desee mi mente armónica. Página 115, oh sí, esa página ha hecho encajar una pieza del puzzle que siempre estuvo perdida.

Así que aspiro hondo, meto barriga y alzo el mentón cuando abro la puerta.

Bajo las escaleras, piso fuerte, mi mirada es un desafío, me cruzo con dos vecinas, viejas momias amargadas a las que apenas miro adrede. Pero oigo su risilla apagada a mi espalda y la noto penetrar en mi aura de luz como un torno de dentista.

Ese tonillo drena de repente toda mi energía cuántico-vital, borra mi sonrisa descarada y la reemplaza por un rubor sudoroso. Mis axilas son una presa desbordada antes de pisar el último escalón, el eco de las risas ahogadas de esas arpías restalla en el hueco de la escalera y destroza mi moral. Me sorprendo encorvado como siempre, pero aguanto lo que me queda de pose en un último esfuerzo, abro tembloroso el portal y coincide que pasa una guapa chica de la universidad cercana. Me mira de repente, no puedo mantener más el tipo y mi barriga cede y asoma de nuevo mi gran ombligo oscuro por debajo de la lengua gastada de los Rolling, es un lanudo ojo de buey que hace a la chica encoger el gesto y aferrar un poco más fuerte la carpeta sobre su pecho.

Cuando se desvía como si quisiera evitar la colisión con mi panza gigante noto el último martillazo que termina de clavar el ataúd de mi energía cuántico-lo-que-sea.

Cierro la puerta.

Subo las escaleras de las que no pierdo detalle porque no me atrevo a alzar la vista. Más risas mal sofocadas en la estación del tercer piso de mi “via crucis”.

Entro en casa con la cabeza pegada al esternón, voy al baño, me coloco ante el espejo, me peino con cortinilla, me pongo mi camisa amarillenta, mi traje gris, mi corbata de lunares y cojo la contabilidad que tengo que llevarle al señor Romero.

Bajo de nuevo. Como dos gárgolas carroñeras mis vecinas siguen en su puesto acechando. Miradas de burla mal disimulada en sus rostros de cera arrugada. Una se ajusta un mantillo que vio a Napoleón ser sargento, la otra me dirige un buenos días muy enseñoreado.

Nada cambia. Hoy he cumplido cuarenta años, esta tarde a las cinco me jubilo. Mañana moriré.

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5 Comentarios

  1. Hola Isaac…!

    No sé cuando leeras esto, ni siquiera sé si lo leerás sin “mosquearte” como dicen por allá…el caso es que te felicito por tu blog, cuyo título me ha llamado la atención, también me llamó la atención que los temas o “post” no tienen fecha, tampoco los comentarios (que por cierto, no he visto ninguno)asunto que puedes arreglar -si quieres- para que puedas seguir contando el tiempo después de los cuarenta…

    Tu estilo de narativa me gusta, sin más, sólo así, me gusta…

    Respecto a lo siguiente:

    “Siempre pensé que el día que cumpliera cuarenta aquello iba a ser traumático, el día de mi ejecución, todo el pelo se me caería de repente, ya no se me levantaría nunca más ni podría mantenerme sobrio en una boda, pero ahora ya sé cómo es como es ese día.

    Exactamente igual que los demás”

    No estoy de acuerdo, no puede ser que todos tus días sean iguales, a menos que te refieras a que no fue traumático.

    Creo que la juventud es una cuestión de edad y también mental, ese “rollo” de que la juventud está en la mente me parece una muletilla mental para no sentirse viejos, la juventud es plenitud física y mental, el ansia de hacer algo nuevo y diferente, la diferencia entre un joven y alguien que ha superado los 40 son las aspiraciones, si sigues teniendo aspiraciones después de los 40 te alejas de la mediocridad, si tus días siguen iguales corres el riesgo de sumirte en la mediocridad y contemplar como pasa la vida ante tus ojos sin apenas pestañear, para darte cuenta que morirás contemplando sin intervenir en la vida…

    Te recomiendo leer el “hombre mediocre” de José Ingenieros…

    A los cuarenta todavía se es joven y se pueden tener aspiraciones y modificar tu entorno y tu vida, antes de los cuarenta también se puede ser viejo y contemplar la vida como observador sumido en la mediocridad…

    Saludos

  2. Es el primer cuento que leo. Me parece buenísimo… seguiré con los otros y terminaré con algún comentario mas enriquecido de imágenes.

  3. Es un poco dramàtico pero tienes toda la razòn. Tengo 30 anos y parece que fue ayer cuando empecè la universidad, y la acabè y empecèe a trabajar y me vine a Italia y…..parece que fue ayer. Los fines de semana pasan en 10 minutos y las semanas en 12, la vida escapa, el tiempo vuela y por màs que corro, no puedo hacer nada……un abrazo, y gracias por regalarnos buena literatura. Sara de INPDAP prestiti

  4. Hola Sara:

    ¿Dramático? no sé, dramático es deambular por la vida sin prisa por vivirla, ¿el mayor pecado para mí? La soberbía de creer que tienes todo el tiempo del mundo.

    Entiendo perfectamente esa sensación de que el bastardo vuela y no podemos correr lo suficiente tras él para atraparlo, pero pararse y darse cuenta, aunque sea un darse cuenta en el que no pareces encontrar solución, ya me parece un paso que despierta del letargo habitual.

    No te preocupes, cuando encuentre la fórmula, y créeme que la busco en mi oscuro laboratorio, a rebosar de pociones humeantes y símbolos extraños, te escribiré para compartirla.

    Isaac

  5. Me gusta es uno de esos microrelatos que abarcan una vida y además de hacen pensar, me gusta el tono irónico

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