No hace falta ser viejo por estos lares para conocer mi opinión sobre juntarse con escritores.

Respuesta corta: «No», respuesta larga: «No se te ocurra».

No, al menos, para temas de escritura ya que, para mí, los grupos de escritores tienen muchos más inconvenientes que ventajas.

Para otras cosas no relacionadas, como socializar o beber para mantener el cliché literario, lo que cada uno prefiera. Pero hay quien reivindica que sirven para aprender un montón y que tener un grupo de referencia ayuda a mejorar.

Estoy de acuerdo en una cosa, rodearte de los mejores ayuda.

Si yo quisiera aprender a patinar y en la puerta de enfrente viviera el campeón del mundo, tocaría a su timbre. Pero si no es así, y si el grupo no es excelente, puede suponer un lastre del que a lo mejor no te recuperas.

Especialmente si estás empezando, serás una peonza en manos no muy buenas. Y ahora la cuestión es esta, yo tengo un grupo. En serio. Con los mejores escritores y autoras que podría desear. Uno del que aprendo infinidad de cosas sin parar, uno que no deja de sorprenderme y moldearme, uno que tampoco para de crecer.

Sus miembros están en las baldas de mis estanterías.

Están en mi salón, están en mi dormitorio, están por el suelo de la habitación de los trastos y en el sofá y en la mesilla y van y vienen de la biblioteca a casa, y vuelta a empezar.

No voy a encontrar jamás un grupo de escritores que supere a todos esos y tú tampoco.

Para recibir la clase magistral de los que crees que son los mejores no tienes más que abrir un libro que hayan escrito.

Sumérgete y deja que la historia haga lo que tiene que hacer, que te moldee inconscientemente. Su poder es tan grande que, al parecer, el hecho de estar en medio de ese grupo de los mejores tiene efectos profundos y duraderos.

Los niños que crecen rodeados de grandes bibliotecas, sugiere este estudio, tienen capacidades superiores en el uso del lenguaje, los números y la tecnología.

En mi estantería está lo mejor de ellos sin la opinión, sin el dogma, los egos o los traumas que van a proyectar sobre ti. Sin las horribles dinámicas de grupo o el problema de la cesta de manzanas, que una mala basta para arruinar a todas las buenas. Sin la ceguera de creer que eso pasa en todos, pero en el mío no… En mi opinión, la mejor comunidad de escritores se construye poniendo otro ladrillo en tu biblioteca.

Para todo lo demás, otra vieja frase de por aquí: «Si te has de rodear de artistas, elige músicos».