Me sigue sorprendiendo cuando alguien me escribe y, sobre todo, me sigue sorprendiendo cuando alguien me pide opinión sobre algo, especialmente la escritura.

La mayoría de días yo no sé qué estoy haciendo y, sobre todo, no tengo ni idea de adónde voy.

Y como ya hay muchos ciegos guiando a ciegos en este mundillo, pues paso de ser mayoría y no suelo contestar grandes cosas a aquellos que me preguntan por métodos, técnicas y cómo lo hago en esto de escribir.

Hace poco, una chica de 15 años me escribió (o eso decía, tengo la secreta noción de que en Internet todos somos camioneros de 50 años con la camiseta llena de churretones).

El caso es que lo que le contesté a sus preguntas (sobre métodos y falsas esperanzas del escritor, cosa esta que me causó curiosidad) fue lo que se podrá leer a continuación.

Lo pongo aquí por si a alguien le sirve o por si alguien tiene la tentación de escribirme también al respecto, así ya sabrá la respuesta de antemano.

Contesto tarde, pero cuando lo haga sobre estos temas básicamente diré lo mismo o algo muy parecido a lo siguiente, pues insisto en que yo poco puedo enseñar sobre el arte de la escritura.

Mi respuesta a esa chica (algo modificada para que se entienda mejor) fue más o menos tal que así:

Me temo que si viene buscando secretos, tengo pocos.

Le diré mi rutina. Cada día, la primera cosa que hago al levantarme es sentar mi viejo culo en la silla y escribir.

Y ya está.

Muchas veces es antes de que amanezca, da igual si truena o nieva (en Valencia no nieva). ¿Estoy enfermo o sano ese día? Da igual. ¿Tengo ganas o inspiración? Da igual, ni una cosa ni otra importan en la escritura, no se engañe.

¿Resaca de Año Nuevo? Puede apostar, pero da igual, me siento y escribo. Algunas veces sale bueno y la mayoría es una mierda y cuesta un mundo.

Así es escribir, especialmente cuando estás con primeros borradores. Le contaría la historia de que siempre he escrito, que desde pequeño inventaba mis cuentos y otros topicazos del montón, pero me lo voy a ahorrar, porque son eso, topicazos de vómito.

De unos años para acá me los tomé «sabáticos» y me dije: «Voy a dedicar mis días a escribir solamente».

NI SE LE OCURRA HACER ALGO PARECIDO.

Excepto si gusta de morirse de hambre y penuria, entonces sí, entonces adelante, ¿quién no aspira a que lo encuentren varios meses después de muerto es un piso infecto?

En serio, si uno se pasa la vida leyendo a los «buenos» y escribiendo, ya no necesita mucho más, sólo hábito. Pero hasta formar el hábito tras mucho tiempo obligándose… ay.

Lo que pasa con todo lo engañosamente simple es que también parece fácil. No es fácil.

Y equivóquese mucho, porque total, otro remedio no va a tener…

Las falsas esperanzas de un escritor son dos: «soy mejor que los demás» y «voy a hacerme de oro».

Ninguna de esas dos cosas son ciertas, pero no importa, todos los escritores las creen al menos secretamente, especialmente la primera. Quizá por eso no me junto con otros que escriben, ya tengo bastante conmigo mismo a la hora de ser insoportable.

En serio, si alguien viene con otro ritual o método secreto para «escribir bien» que no sea hacerlo cada día y leer ingentes cantidades de libros «buenos», probablemente está intentando venderle algo.

Yo no lo hago, no porque sea mejor que nadie, sino porque ya no me queda nada por vender. Desde aquí veo un boli con la tapa mascada y un cuaderno rayado, con eso no me da para nada.

Al final, es una cuestión de que, para que acabemos desenterrando nuestra propia voz, nuestro estilo, nuestra forma propia de escribir (o como queramos llamarlo) hemos dar un montón de paletadas de mierda. Pero un montón mucho más grande que el que se imagina.

Así que yo le diría que empiece ya, porque tiene faena y no es agradable.

Es una faena de pocero, de hecho, que abandona casi todo el mundo al poco de empezar.

Al fin y al cabo, como dijo alguien mucho más inteligente que yo: «El mejor momento era el año pasado, el segundo mejor momento es ahora».

¿Mejor momento para qué? Para todo excepto para una enfermedad, pero sobre todo para escribir.

Esa enfermedad tiene pase.

Ya está, eso es lo único que sé sobre escribir, así que si alguien más me pregunta o me contacta, me temo que copiaré y pegaré esto.

Una última cosa, especialmente si uno está empezando lo mejor que puede hacer es leer esto de Scott Fitzgerald, que sin duda escribía cartas mucho mejores que las mías.