En segundo de carrera viví en un piso de estudiantes situado en la undécima planta. El ascensor no funcionaba la mayoría de las veces, me quedé encerrado dos, el vecino alcohólico lo pateó una, reventando el cristal por la frustración de no poder bajar por su propio pie al bar a medianoche, a seguir bebiendo. Al día siguiente, me fui a clase y lo vi limpiando la sangre y recogiendo los cristales.

Al final, opté por coger siempre las escaleras. ¿Llegaba de la universidad? Las escaleras. ¿Venía de la compra? Las escaleras. ¿Venía con alguien? Las escaleras tras enseñarles el botón de alarma.

Esa manía se me ha quedado hasta hoy, de hecho, vivo en un cuarto sin ascensor. Coger las escaleras es un hábito que ha permeado casi todo lo que hago, porque en las escaleras está lo interesante, las historias y, sobre todo, el aprendizaje.

Ya sé que Internet está llena de supuestos trucos y atajos para ser mejor escritor.

No les hagas caso, escoge las escaleras, escoge lo difícil si quieres escribir bien, si quieres ser bueno en cualquier cosa que hagas. Ninguna buena historia ha tratado nunca del camino fácil.

Redacto (nótese el verbo) para otros por dinero y ahí, confieso, cojo el ascensor, porque ellos lo quieren y yo lo quiero. Veo qué desean, configuro un esquema, lo completo con una redacción sencilla, me paro en el número de palabras pactado, aplico los principios de Orwell, repaso con atención al detalle.

Los que me pagan no quieren complicaciones, dicen que su público tampoco y yo menos, más tiempo para la escritura y más rentabilidad. Todos ganamos teniendo lo que queremos. He perdido la cuenta del número de artículos de todo tipo redactados estos años. Ninguno de ellos me ha hecho mejor escritor, porque las horas que pongas en la escritura no importan si las pasas en el ascensor.

De hecho, es posible que me hayan hecho un poco peor.

En el menú diario de Internet hay otros 5 consejos inútiles para escribir un best-seller y otros 10 trucos absurdos para mejorar la trama o hacerla más intrigante o yo qué sé. Atajos y ascensores. Cuando hayas perdido suficiente tiempo comprobando que no llevan a ninguna parte, excepto a la dirección contraria, vuelve y coge las escaleras de una vez.

Si quieres aprender algo, cualquier cosa, has de elegir lo difícil. No soy muy fan de Daniel Coyle, pero sí de una frase suya, que si quieres aprender, evita a todo el que se parezca a un camarero amable. Será servicial y dirá a todo que sí y no aprenderás nada.

Los mejores maestros siempre son algo duros y dan un poco de miedo. Así debe ser la práctica de la escritura si quieres mejorar, once pisos de escaleras. No será fácil, pero se puede hacer y, cuando llegues al último escalón, serás un poco mejor que cuando pusiste un pie en el primero. Puede que no lo notes, puede que otros te miren raro y corran a los ascensores.

Mejor, menos gente y más silencio en las escaleras.

P.D. Una nota breve y no relacionada, pero si quieres conseguir Escribir mejor y otros libros sobre creación literaria, autopublicación, etc, pagando lo que quieras, echa un vistazo aquí, porque es muy interesante.