Cómo conseguir clientes para los que escribir

26-01-2022

Este es un breve extracto del futuro libro sobre cómo vivir de escribir, que, además, trata de lo que más interesa a aquellos que, en todo este tiempo, me han escrito a menudo preguntando por el tema: cómo conseguir a alguien que pague por juntar palabras en frases y frases en párrafos.

Para esta parte del libro, iba a explicar mi experiencia personal solamente, pero he pensado que puede no encajar en la de todo el mundo y no quería caer en el error de: «Mi sistema es EL sistema». Porque no hay balas de plata para esto, como no las hay para nada que sea importante de verdad.

Además, un error habitual es creer que lo que hizo alguien, con su contexto y características específicas e intransferibles, es aplicable a otros y puedes esperar el mismo resultado ejecutando las mismas acciones. Para nada. Este es el principal fallo de todos los libros que prometen el «éxito» emulando hábitos o acciones.

Puedes hacer exactamente lo mismo que el triunfador más grande del mundo, incluso copiar sus días hasta el minuto, que el resultado final en tu caso será muy diferente.

Esto se debe a que tus circunstancias (lo más poderoso en cualquier situación), el momento en el que haces algo (el segundo elemento que más influye en todo), así como tus características y habilidades particulares, serán muy distintos a los de esa otra persona, lo que dará un resultado final muy diferente. Podemos clonar perfectamente las acciones, que no podremos clonar esas circunstancias ni el momento y, como esos dos elementos de la ecuación son los que más determinan el resultado final de cualquier cosa, este nunca será el mismo.

A pesar de eso, la mejor manera de enseñar es con el ejemplo y este tiene cierta validez, aunque haya que cogerlo con pinzas y tener en cuenta lo anterior. Así que hagamos lo que podamos con lo que tenemos, que supongo que es la única filosofía posible.

Lo que voy a hacer en esta parte del libro es:

  • Explicar cómo se consiguen clientes en general y cómo funciona ese tema tras muchos años de buscarme la vida por mi cuenta. Y no sólo con la escritura, ya que recogí mi última nómina hace 20 años. Desde entonces, he tenido que buscar clientes que quisieran pagar por lo que sé hacer, también en otros ámbitos que ahora no vienen al caso. Como veremos, voy a confirmar algunas sospechas que seguramente tienes en la cabeza.
  • Explicar cómo lo hice yo para obtener los clientes para los que he escrito y escribo.
  • Explicar la experiencia de cómo lo han conseguido otros redactores de contenido. Me he puesto en contacto con algunos, han respondido amablemente y son la muestra de que, efectivamente, hay muchos caminos hacia el mismo destino, algunos bastante curiosos.

Cómo conseguir clientes en general

Aquí partimos de la premisa de cómo conseguir clientes cuando estos son negocios o empresas que necesitan nuestros servicios profesionales de redactor. Si se trata de clientes particulares, como los de un bar o una tienda, entramos en otro juego que no viene al caso ahora mismo.

Con esto en mente, si eres de los que cree que la igualdad de oportunidades es un mito, que la meritocracia va en la sección de cuentos y fábulas, que a quién conoces importa mucho más que tus habilidades y estar metido en el mundillo de lo que hagas es imprescindible, enhorabuena, tienes razón.

Al menos no eres víctima de todos esos cuentos de que lo que importa es el trabajo duro, la mentalidad adecuada o yo qué sé qué otras tonterías que se han demostrado de sobra que nada tienen que ver con el éxito.

Esa es la buena noticia. La mala es que tener razón no suele servir de mucho y que, como en todos los mundillos, al principio cuesta mucho meter la cabeza en los lugares donde se reúnen los mejores, es decir, los que pagan bien y se reparten lo bueno.

La clave principal es entender que, como todo en la vida, este juego es una cuestión de relaciones.

Quien tiene un amigo tiene un tesoro y quien tiene buenos contactos tiene una mina directamente. Hemingway podía ser un maestro escribiendo, que también entendió que, sin politiqueos y camarillas, sin juntarse con los que movían el cotarro en el París de los 20 y los círculos literarios, siempre estaría en la periferia de las cosas y no tendría éxito alguno. Por eso, hizo escritura y política a la vez, arrimándose y medrando en las pandillas y grupos de influencia, hasta que se convirtió en un referente dentro de ellos. Se vendió bien y empujó a otros sin compasión a los pies de los caballos.

Muy mala noticia si eres un introvertido como yo, que además le tiene manía al juego y los jugadores, pero el mundo funciona así, por tribus y bandas desde que bajamos del árbol. Tampoco es de extrañar, es nuestro primer impulso y no es necesariamente negativo. Imaginemos que yo necesito un redactor, ¿qué es lo primero que hago? Pregunto a alguien de confianza si conoce a otro alguien adecuado para el puesto.

Eso no es nepotismo, aunque muchas veces derive en ello. Las cosas funcionan así por un motivo de peso. Si mi amigo conoce a alguien, el candidato ya me viene precualificado por sus méritos y a mí me está ahorrando trabajo. No arriesgo desde cero y es probable que esa persona recomendada encaje y sea decente en lo que hace, porque mi amigo tampoco querrá quedar mal.

Conclusión, ¿cuál es la mejor manera de conseguir clientes o ser publicado como Hemingway?

Conocer a alguien metido en el sector, que tenga poder de decisión, esté al tanto de trabajos y nos recomiende para ellos o nos los encargue directamente.

Vamos a hacer un inciso y volver sobre la literatura. Imaginemos que soy un editor y tengo 100 manuscritos sobre la mesa para leer. ¿Por cuál empiezo? Por el de quien conozco o me ha recomendado ese agente literario, con el que suelo comer y que me ha traído a algún otro escritor rentable. De hecho, por eso almuerzo con él, aunque mastique con la boca abierta. Y no sólo eso, también dedico más tiempo a leer ese manuscrito y, dependiendo de profundidad de la relación con esa persona, seré más benévolo con los fallos.

La vida es así, como decían aquellos dibujos animados. Por eso, la lección básica es clara:

  1. Mete la cabeza en el sector.
  2. Genera una buena relación con la gente que toma las decisiones y cultívala para que no se enfríe.
  3. Conoce a toda la gente de esa clase que puedas y repite el paso 2.
  4. Pregunta cuando necesites algo, porque quien pregunta cosecha muchos noes, pero quien no lo hace, nunca cosecha un sí.

Hace muchos años, yo me encontraba fuera de la casa donde era la fiesta, mirando por la ventana y sin conocer a nadie. De hecho, contraviniendo mi propio consejo, no me dediqué apenas a generar relaciones en las ocasiones en las que he atravesado la puerta, porque esto siempre lo he considerado una faceta monetaria, así que no me interesa más allá de eso. Además, las agencias de marketing y comunicación son muy aburridas. Sé que cometo un error grave odiando el juego en el que estoy metido y por eso me autosaboteo a menudo cuando se trata de escribir (en esta y todas las facetas), pero ese es otro tema.

Cuando he tenido buena relación con gente del sector y he entregado buenos trabajos, me han venido más proyectos sin que tuviera que hacer nada, esa es la realidad.

De hecho, cuando yo no podía, o no quería hacer algo que me ofrecían, me han preguntado por otros redactores y, ¿qué he hecho? He recomendado a quien creía de confianza. De este modo, ese trabajo de redacción que necesitaban mis clientes nunca salió a la luz y no pudieron verlo los escritores que buscan ofertas y vacantes en webs de empleo y sitios similares que se encuentran «fuera de la casa en la que es la fiesta».

Eso ocurre con una enorme cantidad de oportunidades y puestos de trabajos de cualquier tipo. Muchos nunca necesitan salir a esa luz, porque se ocupan antes mediante recomendaciones.

De nuevo, así funcionamos las personas y así es el juego.

La cuestión es, el primer punto de los anteriores, meter la cabeza, es el más difícil y en el que me encontraba al principio hace años. A veces, también me vuelvo a encontrar en el mismo lugar solitario periódicamente, porque de veras que me puede la política y nutrir relaciones que no me interesan.

Eso me obliga, de vez en cuando, a repetir mi enfoque particular para conseguir trabajos y volver a entrar en la casa de la fiesta. Veamos cuál es.