He aquí algunas cosas que he aprendido tras un buen puñado de años dedicados a escribir.

Lo más importante es el hecho de que la escritura enseña a convivir con la incertidumbre. Si escribes con regularidad o tratando de ser un profesional, no tienes más remedio que acabar compartiendo piso con esa incómoda compañera.

Todas las cosas que rodean a la escritura, como la opinión de los demás o el destino último de tus obras, está dominado por factores fuera de tu control. Al final, o aprendes a soportar ese hecho y escribir a pesar de él, o va a ser demasiado frustrante y acabarás abandonando. O peor aún, no siendo el mejor escritor que puedas ser.

Esto ocurrirá porque estarás más pendiente de todo eso que no depende de ti que de lo único que puedes controlar: sentarte y tratar de escribir lo mejor que puedas.

Lo de antes se puede enfocar de otra manera. Al igual que en el resto de cosas en la vida, la suerte es siempre lo más poderoso. Todo lo demás son historias que nos contamos para soportar ese hecho.

De nuevo, esto te obliga a algo muy difícil, hacer las paces con esa noción.

Es complicado cuando somos una especie guerrera (para qué engañarnos con lo de exploradora) que siempre cree que puede solucionar las cosas luchando un poco más. En muchas ocasiones, no.

Puedes hacerlo todo bien y que no funcione, así es la vida.

La escritura es un arte puro porque no hay dinero en ella.

La escritura sabe que, si perseveras a su lado, es porque la amas de verdad, ya que, desde luego, no lo haces por las riquezas que pueda tener. Si quieres dedicarte a algo rentable, elige cualquier otra cosa. Todo lo anterior no importa realmente, porque la escritura proporciona una recompensa interna, no cuantificable ni comprensible por los que te rodean. Si no es suficiente para ti, no pasa nada.

Es importante saber cuándo abandonar y dedicar el escaso tiempo que tenemos a cualquier otra cosa que sí proporcione eso. La escritura es un arte solitario.

Si no te llevas bien con el hecho de estar a solas contigo mismo y escuchar lo que hay dentro de ti, mejor otra cosa de nuevo. Nadie puede enseñarte a escribir, excepto los libros buenos y una dedicación consciente y propia por parecerse a ellos. Dedícate a esas dos cosas (casi) cada día.

Esto no tiene nada que ver con aprender a redactar de manera clara ni con las reglas gramaticales, etc. Estas sí se pueden y se deben aprender. De hecho, deben ser el mínimo común denominador de todo el que quiera sentarse a escribir.

Las opiniones no valen nada, no hace falta que las busques.

Aunque no las busques, llegarán de todos modos. Escúchalas por si aparece esa 1 entre 1000 que puede ser útil en algo y porque hay que ser educado, pero no les hagas demasiado caso.

Publicar no va a apagar ese ansia.

Al principio pensarás que publicar algún relato estaría genial, cuando lo consigas pensarás que publicar varios es lo que estaría genial de verdad, luego será una novela, luego otra, luego ganar un premio, luego vender mucho, luego haber cobrado aunque sea un euro…

No termina nunca, así es la naturaleza humana, no importa que recojas el Nobel.

Te vas a sentir un fraude.

Es el estado natural, no pasa nada. Hace más de 5 años hablé por primera vez del Síndrome del Impostor. Desde entonces, se ha repetido el concepto hasta el agotamiento por todas partes.

Especialmente, se ha repetido la noción completamente equivocada, de que es algo negativo que hay que eliminar.

Al contrario, el Síndrome del Impostor es tu mejor amigo, cuídalo y, como con la suerte y todo lo que está fuera de control, convive y haz las paces, al fin y al cabo no hay otra manera y no puedes matarlo, no importa lo que leas por ahí.

Si consigues esa convivencia, el síndrome será una parte importante de lo que te haga buen escritor.

No sigas las modas y no sigas a los que siguen las modas.

Las modas pasan por definición y, por definición también, (al menos la mía) el paso del tiempo es el mejor juez de la buena escritura.

Todo lo que has escrito te va a parecer malo si miras hacia atrás.

Lo mismo pasará mañana con lo que haces ahora. Si no tienes esa desagradable sensación, mucho cuidado. Un buen montón de historias trataron de aleccionar sobre no mirar atrás si no querías convertirte en sal o perder a Eurídice. Quizá sea lo mejor cuando se trata de escritura.

En muchos casos, tampoco podrás cambiarla aunque te gires, así que da igual. Hay muchas más cosas que podría decir, pero es hora de que cambie a otra escritura, porque el tiempo pasa demasiado rápido, algo que creo que todos hemos aprendido.