Dejar de escribir de una vez por todas

22-12-2021

—¿Nunca has pensado en dejarlo?

—Todo el tiempo. En serio, no me mires así, todo el tiempo.

Así es mi relación con la escritura, especialmente de unos años para acá. De hecho, quizá lo he dejado y no lo sé, o no quiero reconocerlo. A veces pasa en las relaciones de mucho tiempo, que te has ido mucho antes de que finalmente te vayas.

Es posible que eso ya me haya pasado, la salida del cobarde que no se atreve a cerrar una puerta del todo o dar el tiro de gracia por caridad. Lo cierto es que hace mucho ya que no muevo nada de lo que escribo, que no me preocupo por publicar o que se lea. Que me da una pereza enorme y el cupo de noes de una vida ya lo tengo cubierto de sobra. No creo que necesite más, aunque tampoco es que eso le importe a la vida.

Las tres etapas de mi escritura son ahora cabeza, papel y cajón, para no leerse de nuevo nunca más.

De todos modos, no he matado del todo la parte de aspirar a que me sigan leyendo. Quizá el año que viene vuelva a enviar alguna cosa a la nada, por aquello de no decir que 2022 fue en blanco.

Los últimos proyectos en ese sentido que tenía previstos se cayeron un poco de esa manera también. No sabes cómo ocurrió exactamente, tres libros que iban a salir con editorial, pero murieron y, después de tantos años ya, eres un poco ese anciano que asume que esas son las cosas que pasan más a menudo a su alrededor. Un día están, al siguiente no. No suele haber un motivo especial, tampoco lo preguntas. De hecho, una parte de ti queda aliviada cuando te hablan de la crisis, los imprevistos o lo que sea que no lleve a buen puerto el proyecto editorial. Es mala señal ese alivio, pero te convence de que, probablemente, sea mejor así. Casi siempre es demasiado jaleo, trabajo e incomodidad que nunca compensa en realidad.

Casi.

Supongo que es así como termina (o terminará un día si es que no lo ha hecho ya), igual que lo hace el día. Poco a poco atardece hasta que la oscuridad cae del todo y tiempo después te preguntas, ¿qué fue de este o aquel? Y apenas recuerdas el nombre, que se fue saliendo poco a poco hacia los márgenes de la historia y nadie sabe decir exactamente cuándo se marchó de la fiesta o adónde.

Al menos esa fiesta trajo unas cuantas historias que merecieron la pena, o vinieron con un cierto sentido de la aventura, pero una parte de mí se cansó un día de ir a correos con paquetes de manuscritos, o de mantener hojas de cálculo con docenas y docenas de concursos y editoriales.

No pasa nada, al fin y al cabo, las pocas veces que me he juntado con otros escritores, me he preguntado qué hacía allí y si de verdad yo era como ellos.

Y siempre que he estado en una presentación de libros, me he preguntado cómo es posible que alguien goce con el foco encima, mientras se masturba el ego ante miradas de compromiso de la familia, tres amigos y un par de perdidos que pasaba por allí.

Hablo de libros pequeños y circuito alternativo, la vida del escritor famoso no la conozco, ni me interesa. Los mejores que he leído también suelen vivir al margen sin querer saber mucho del mundo. Me caen bien, podría tomar algo con ellos, cada uno en su casa a mil kilómetros.