Estaba releyendo esta entrevista que me hicieron en Lecurafilia, para recordar las insensateces que le contesté a Tensy, y veo que volvería atrás en el tiempo a darme de collejas y decirme: «Escribe, escribe, pero ¿qué haces? Deja eso o a esa y ponte a escribir».

Supongo que en el fondo me angustia haber «desperdiciado» buena parte de la vida, hacerlo hoy y hacerlo mañana. Pero supongo también que, al final, esa es una noción que tiene bastante de falsa.

Volvería a darme ese par de guantazos, pero la realidad es que es imposible vivir la vida sin «desperdiciar» parte de ella, es necesario y es saludable.

Hemos perdido la noción de bajar los brazos y tumbarte a descansar un poco, sin nada que hacer y sin que nadie nos espere. Qué ganas de esa sensación. No puedes concentrarte siempre en lo importante, estar siempre con lo trascendente, veinticuatro horas con las pasiones que cada uno tenga. Es cansino, ausente de inspiración, la pasión se marcha de puro agobio y al final sólo sale basura.

Necesitas desperdiciar.

Al fin y al cabo, hacer algo importante, lo que sea, no es un tema de gestión ni falta de tiempo, sino una cuestión de energía, es algo de lo que ya hablaba en ese enlace, así que no voy a repetirme.

Para recuperar energía, has de desperdiciar tu tiempo en cosas inanes, beber como esos escritores que se mataron haciéndolo, borrar Facebook, tener aficiones tontas y charlas intrascendentes.

Nada hay más insoportable que alguien que se toma en serio todo todo el tiempo.

Como con lo de ser feliz o lo del amor, hay un montón de nociones inexistentes e imposibles que nos venden todo el rato, y causan mucha frustración cuando no las consigues, pero es que son falsas. No las vas a obtener porque son nociones irreales, igual que no vas a conseguir volar por mucho que agites los brazos. Lo mismo ocurre con eso de «no desperdiciar tu vida», es una quimera imposible.

Tienes que hacerlo para que haya momentos en los que la aproveches y le saques el jugo, tienes que descansar para poder generar esa energía. Hay una obsesión por estar ocupado todo el rato, por «hacer algo», lo que sea, con tal de no pensar.

Vivimos tan ocupados que a veces sufrimos de un descanso culpable, donde no desconectas del todo mentalmente, pero tampoco estás haciendo nada. Así que cuando te sientas de nuevo a trabajar, sigues agotado. Mucha gente ni se plantea estas cosas, si desperdicia la vida o qué debería hacer con ella. Mucha gente está exenta de pasiones que perseguir más allá de las estúpidas gafas que se han puesto de moda o el puto Gran Hermano.

Si uno al menos cree que está desperdiciando su tiempo, ya ha dado un paso (uno pequeño) en la dirección correcta. Esa espuela que te pincha a veces te mueve en la dirección que quieres o quizá no, pero es un requisito previo.

Puedes amar escribir, o puedes amar lo que sea que te encienda un fuego dentro, pero no puedes amarlo ni hacerlo todo el rato. Hay que desperdiciar un poco la vida y el tiempo, para volver con ganas hasta las faldas de lo que a cada uno le apasione.