Creo firmemente en que todos tenemos que hacer de vez en cuando algo que odiamos, así que yo voy a empezar este artículo con un cliché y además, perezoso.

Voy a empezar con la cita de otro escritor que, al fin y al cabo, va a decir lo que quiero decir mejor que yo y con muchas menos palabras malsonantes.

Obtienes ideas de las fantasías en las que te embelesas. Obtienes ideas cuando te aburres. Obtienes ideas todo el tiempo. La única diferencia entre los escritores y el resto de la gente es que nos damos cuenta cuando lo estamos haciendo.

Neil Gaiman

Hoy el aburrimiento parece el peor enemigo, ya no podemos estar ni un segundo quietos, a solas con nuestros pensamientos. No voy a volver con eso de que nos pasamos la vida huyendo de nosotros mismos. Hoy, gracias a que en el bolsillo llevamos ese aparato del demonio, ya no necesitamos mucho más si ocurre una situación en la que, el dios de cada uno no lo quiera, nos quedamos a solas o surge un momento de calma.

Con él arreglamos tal atrocidad y el estímulo que sea nos vale, un tuit estúpido, una foto de Instagram, un pokemon dentro de esa furgoneta vieja sin ventanas que pone «Abrazos gratis». A por él, que seguro que es mullidito y no huele a orina y alambique.

Cualquier cosa menos aburrirnos y he aquí lo que ocurre, que no sólo por eso nos estamos volviendo tontos y pobres, sino que, como bien dice Gaiman, nos estamos volviendo menos creativos.

Porque he aquí que sigo mi gesta para convertirme en el tipo menos excitante del mundo.

Si la maestría sale de la práctica y nada más, que sepamos ahora que buena parte de la creatividad con la que imbuir esa práctica la podemos extraer del aburrimiento. Aburrirse es el truco definitivo para ser más creativos, ahora que están tan de modo los artículos de trucos, sobre todo para escribir.

¿No es maravilloso cuando pasa? ¿Que estamos en la ducha y se nos ocurre esa idea, o a punto ya de dormir y viene esa otra?

Y más vale que las anotemos, porque no, no nos vamos a acordar después. Lo que ocurre es que, a menos que sea estrictamente necesario (pronto podremos mirar Facebook en la ducha, tranquilos) pocas veces dejamos que nuestro cerebro campe libre, sin algo tonto e intrascendente a lo que agarrarse. Eso es un pecado hoy, y así nos va.

Que el aburrimiento es fuente de creatividad no es sólo una cita sin base de un buen escritor que me ha solucionado el prólogo de hoy, también se ha demostrado de maneras francamente curiosas.

Karen Gasper y Brianna Middlewood son dos personas aparentemente muy aburridas e interesadas en este tema, que han sometido la hipótesis a pruebas y realizado multitud de tests de creatividad a los sujetos de sus estudios.

Sistemáticamente aquellos que habían pasado por un periodo previo de aburrimiento superaban a los que no, a los que estaban con algo, a los que no se aburrían y fantaseaban.

Cuando se hacía esto último, las conexiones entre palabras y conceptos eran más creativas e inesperadas, por ejemplo, aparte de mejor desempeño en otras pruebas.

Supongo que debería haberme aburrido un poco antes de empezar este artículo y así no lo hubiera comenzado con el cliché perezoso, pero qué le vamos a hacer ya.

De hecho, voy a seguir con esa pereza exenta de imaginación y voy a citar a Andreas Elpidorou, otro investigador y la cuarta persona en el planeta (contándome a mí) a la que le interesan estos temas.

El aburrimiento ayuda a restaurar la percepción de que nuestras actividades son significativas.

Actúa como un estado regulatorio que nos mantiene en línea con nuestros proyectos. En ausencia de aburrimiento, uno permanece atrapado en situaciones que no le llenan y se pierde multitud de experiencias que recompensan emocional, cognitiva y socialmente.

Atrapados en estímulos constantes que en realidad no llenan… No se parece en nada a la realidad que vivimos, no.

El aburrimiento es a la vez un aviso de que no estamos haciendo lo que deberíamos hacer y un ‘empujón’ que nos motiva a cambiar metas y proyectos.

¿Te aburres? Bien, déjate llevar y por dios, deja el móvil. Fantasea un rato y deja divagar el pensamiento, que no morirás y ahí vas a encontrar la inspiración, las ideas, la recompensa…

Ese empujón para ponerte después con algo que no sea discutir gilipolleces en Twitter.