Siempre he dicho que el bloqueo del escritor «no existe», pero es importante matizar detalles y definiciones.

Obviamente, existe la desagradable experiencia de estar completamente paralizado, que lo que quieres decir no encuentre el camino hasta los dedos o que ni siquiera surja la chispa inicial en la mente.

Pero eso no es ningún bloqueo ajeno a la escritura, eso es escribir.

Bloquearse no es un error ni un fallo de funcionamiento, el error es creer que la escritura es un fenómeno en el que las palabras surgen como un torrente y además son buenas. El mito es ese, que la escritura es un acto gozoso en el que te deslizas cuesta abajo montado en la inspiración. Ese falso relato ha sido potenciado por las historias y, por qué no decirlo, por los propios escritores, que tendemos a la hagiografía y a no contar demasiado sobre la lucha y el esfuerzo que hay detrás, no vayan a pensar que no somos genios, ni escritores de verdad a los que les sale la maestría sin esfuerzo.

Yo he corregido mil veces cien cosas sólo para que acaben en la basura de todos modos.

Como suele pasar con todo, lo que vemos no es real, el producto final no se parece en nada al inicial y el bloqueo del escritor es tan natural a la experiencia de escribir que resulta una parte fundamental de la misma.

De hecho, es la experiencia en sí, porque bloquearse es escribir.

Bloquearse es lo normal y lo raro es lo otro. Atascarse con las palabras y los temas es la naturaleza de la bestia y no hay otro modo, es algo que vas a vivir más veces de las que no. Aprender a relajarnos en la incomodidad del bloqueo y el resto de piedras del camino es una habilidad fundamental que todavía estoy aprendiendo.

El problema de la escritura es el problema del amor. El problema es creer que una cosa y la otra son experiencias extáticas, sin dificultades, ni salidas en falso o ruedas pinchadas que hay que reparar para seguir el camino. Esas son las historias que nos han contado, pero son irreales. Quien escribe, se bloquea a menudo y no pasa nada. No es una señal de que no valemos, es una señal de que trabajamos.

Cada uno tiene su manera de solventar los callejones sin salida y seguir hacia adelante, asumiendo también que no puedes salvar siempre a todos los amores ni todos los escritos.

A veces, puedes romper el bloqueo atravesándolo por pura voluntad, a veces puedes rodearlo y otras tienes que volver sobre tus pasos para probar otro camino, dejando morir lo que tenías.

El problema de las dos cosas

Los bloqueos también surgen porque queremos hacer dos cosas a la vez y las personas no estamos hechas para eso.

Cuando escribimos, también queremos editar, pero tenemos que estar a una cosa o a la otra, porque a las dos es casi imposible. O bien queremos escribir y agradar a la vez, así que nos estamos juzgando todo el rato y pensando que esto no va a gustar, no encaja con lo que hacemos, no se adapta a nuestro estilo o lo que sea, produciendo el bloqueo. Y puede que sea verdad todo eso que nos decimos, pero el juicio, como la edición, va después de la escritura, no durante.

Es normal que produzcamos un bloqueo si queremos encajar dos cosas donde sólo cabe una.

Y ojalá tuviera una solución, pero bastante esfuerzo resulta convivir con esa incomodidad y con la noción de que escribir es una de las mejores cosas que puedes hacer, pero también una de las más difíciles, porque no fluye como un río sin oposición.