El problema con los consejos de escritura

02-02-2022

Entre esos correos que a veces me llegan y contesto cuando puedo, también suelen aparecer los que preguntan por consejos de escritura o si voy a dedicar algún artículo a ellos, como muchos otros blogs. Tienen curiosidad o les gustaría saber mi opinión o lo que diría.

Miradme bien, es obvio que no soy quién para dar consejos. No he llegado a ningún Olimpo desde el que pontificar cómo lo hice o cómo se hace, cómo se escribe o no. Pero es que, además, los consejos de escritura son problemáticos por muchas razones.

De hecho, uno de los escollos principales deriva de la propia naturaleza de los consejos en general y de los humanos en particular.

La realidad es esta, todos los consejos de escritura que realmente sirven de algo son aburridos, de sentido común, cosas con las que pensamos «eso ya lo sé», pero saberlo nunca sirvió de nada.

Buena parte de la obsesión por los consejos, cuanto más diferentes, mejor, deriva de nuestra adicción a la novedad, algo programado en el núcleo de cada persona. Y que ya se sabe qué pasa con lo nuevo, que con el tiempo se convierte en eso con lo que hemos jugado demasiado y ya no nos atrae.

Y como los verdaderos consejos útiles no tienen nada de nuevo, tampoco tienen nada de atractivo, ni puedes vender lo mismo muchas veces.

Mientras, quien se aprovecha de esa configuración defectuosa que tenemos sigue haciendo caja con chorradas de consumo rápido que se olvidan a la misma velocidad y no dejan ninguna huella.

El segundo problema es que los consejos no son trasladables en casi ningún caso.

Lo que a mí me funciona, aplicado por otro, dará resultados muy diferentes. Los consejos son como esa colonia que te gusta en una persona, se la regalas a otra y, cuando se la pone, no huele igual. De hecho, suele ser un desastre.

El tercer problema es que somos incapaces de dirimir realmente qué nos ha llevado hasta donde estamos.

Siempre hay un poderoso sesgo del superviviente, así que obviamos el papel de la suerte que tuvimos y el momento en el que hicimos algo (los dos factores más poderosos en cualquier situación), mientras que aumentamos, sin remedio, la influencia que tuvieron cosas como nuestra habilidad y esfuerzo.

De esa manera, aunque tratemos de ser honestos y dar consejos que creemos reales, estos son un ejercicio de racionalización alejado de la realidad. De hecho, suele ser imposible conocer los verdaderos motivos que nos han llevado hasta una situación. Muchos factores personales son inconscientes y muchos factores externos, que tienen que ver con otros que han influido en nuestro posible éxito (como editores o jueces de concursos) son, directamente, imposibles de conocer.

El cuarto problema es que los consejos, en realidad, suelen ser otra forma de procrastinar. Y bastante desafío tenemos con eso, así que no voy a fomentarlo. Nada más sibilino para evitar escribir que leer sobre ello y decirnos que nos estamos formando o aprendiendo, que eso también es trabajo de escritura.

Todo lo que no sea escribir no es escribir.

Sí, eso incluye documentarse, crear mundos o todo eso con lo que quieras engañarte para decir que estás escribiendo. ¿Es un trabajo necesario? Claro que sí, no lo dudo. ¿Es ese trabajo escribir? No.

El quinto problema es que Sturgeon tiene razón. El 90% de todo lo que hay es mierda y los consejos de escritura no se libran. Son la comida rápida, lo que no llena ni sirve, lo que seguramente nos empeora.

Una página de un buen libro es mejor que el 99% de consejos que ves por ahí. Pero decir eso es tedioso. Queremos técnicas y trucos, queremos cualquier cosa que nos sirva para evitar la verdad aburrida y el trabajo pesado.

Así que, por lo que releo una vez escrito todo esto, veo que no doy consejos, pero sí consejos sobre los consejos.