Quizá el principal problema que tengo con la escritura es el hecho de que hace falta fe, de que muchos días es necesario encontrar restos de ella por los rincones y la fe y yo hace tiempo que no hablamos.

Fe en que no sabes qué quieres decir exactamente o cómo, pero encontrarás la manera. Fe en que serás capaz de enderezar los primeros renglones en los sucesivos repasos, así que, por favor, a ver si se calla la voz que juzga ya desde el primer minuto.

También hay que tener fe en que sentarse cada mañana tiene un sentido. A veces es claro, porque lo vives en el momento, y a veces lo echas de menos, porque la vida ya se sabe cómo es, de modo que has de tener fe en que escribir merece la pena, aunque no lo veas hoy.

Fe en que si no estás escribiendo ahora, por el motivo que sea, también está bien, no es el fin del mundo. Volverán las cosas que decir y por el camino encontrarás alguna oración como la de Hemingway mirando los tejados de París y diciéndose: «No pasa nada, has escrito antes y escribirás de nuevo».

También es necesaria la fe hasta la irracionalidad si quieres que alguien más lea lo que has hecho. Fe cuando envías manuscritos por correo a editoriales que no contestan, a los concursos que ya están ganados de antemano o a los que no, pero están tan concurridos, que todas las probabilidades están en contra.

Esa es la naturaleza de la escritura y por eso necesita la fe. Las probabilidades, las que sean, siempre van a estar en contra.

Lo estarán las de crear algo bueno, porque la escritura es muy difícil, no importa lo que digan los que no tienen ni idea y creen saberlo todo. Del mismo modo, las probabilidades de publicar o ganar algo, de que te reconozcan, son tan diminutas que no se ven a simple vista. Básicamente, cada día nos sentamos yendo a la contra en todo, armados con un billete de lotería que nunca toca.

Así que hace falta fe, pero como la fe ya no vive aquí (y demasiadas cosas se han hecho en su nombre) prefiero hacer todo lo de antes por amor y que la fe no tenga nada que ver.

Amar lo que haces y escribes a pesar de todo, de que sea horrible muchas mañanas y estés metido en un juego imposible. ¿Qué más da ganar o no? Cuanto antes se abandone esa noción, antes se puede escribir por las razones correctas, sin esperar nada a cambio.

Al fin y al cabo, de eso se trata porque, ¿qué mérito tiene amar a lo perfecto? Mejor querer a lo que está un poco roto por los sitios que encajan en tus propias heridas.


P.D. La semana que viene voy a hacer algo que no he hecho desde hace mucho tiempo y creo que ya toca. Voy a tomarme un descanso de tantas pantallas que asaltan la vida, la intimidad y la atención, para que sigas un poco más y hagas otro clic por unos céntimos, no importa si eso te consume.

Seguiré escribiendo, en cuadernos y páginas sueltas y notas de postit o servilletas, pero no habrá entrada en esta web el próximo miércoles.

Vamos a decir que me lo tomo como unas pequeñas vacaciones. Espero que no me gusten demasiado y vuelva.