En este año que muere, el tema de los blogs y las webs de escritores ha sido recurrente.

Muchos se lanzaron a tener uno a instancias del marketing y resulta que la piscina de la ilusión estaba vacía. Mantener una web les trajo una enorme cantidad de trabajo, pero no les dio ventas, ni fama, ni seguidores, a pesar de que había una especie de promesa implícita entre las líneas, que se tuvo que matizar cuando la realidad llamó a la puerta de lo que sonaba bien.

Sobre si un contador de historias debería tener una web o no, y de qué hablar en ella (y cómo hacer que sea el altar sobre el que invocar la fama) se ha debatido largo y tendido.

En este periplo personal al que le quedan cuatro día literales, y quizá a raíz del comentario de soslayo que hice sobre este experimento y el tráfico de la web, me han preguntado sobre el tema en algún que otro mensaje.

Por qué dirigirse a mí, que no tengo ni idea, y reconozco que este no es el camino a la fama que tanto desean los que preguntan, se me escapa. Pero he aquí mi opinión sobre la frustración de muchos escritores con eso de tener una web y cero firmas en El Corte Inglés.

En mi opinión, el problema principal, y no la solución, es el marketing.

El problema es el marketing porque la mentalidad a la hora de ser escritor y crear una web es la de intentar vender como sea. Y sólo vender. No dar valor, no contar historias en tu página porque no sabes hacer otra cosa, no compartir lo que has aprendido porque eres un crío pesado que no deja de hablar de lo que sólo le obsesiona a él, no una web como una extensión de ese amor que sientes por la palabra escrita.

Y como odiamos que nos vendan, no se genera esa fidelidad de: necesito saber qué ha dicho esta persona esta semana porque me veo reflejada, porque conecta conmigo, porque no es la enésima lista de puntos que ha copiado de algún lugar.

Cuando has creado una web porque te han insinuado o dicho que «te hace falta» o porque, en el fondo y la superficie, sólo quieres endosar tu librito y no te importan los temas que tratas o las personas que los leen, sólo se consiguen blogs intercambiables unos por otros, tan prescindibles en este contexto en el que hay miles.

Y es que muchos «escritores», si no les hubieran dicho (o transmitido entre líneas para luego negarlo) que «el blog vende», no tendrían uno y se nota.

Se nota la obligación y el escribir a rastras, lo hueco que suena todo cuando das un par de golpecitos al melón.

En el fondo, esos escritores no quieren hablar contigo o exorcizar sus demonios, quieren que les compres el libro y vuelvas cuando tengan otro. Lo que hagas entre medias les da realmente igual.

Pero la gente no quiere comprar, es (somos) egoísta, y así debe ser y será. La gente quiere que tú les des a ellos, no que ellos te den a ti.

Y a lo mejor, si les das mucho y buenas historias (pero la verdad es que ni así) a lo mejor, digo, se piensan darte a ti, o saber más y comprar tu maldito libro. Pero sólo cuando les hayas inculcado el egoísmo de querer leer más de ti porque les llena de verdad, porque no eres intercambiable y porque no van a conseguir en otro lado lo que tú les das.

Sólo lo obtienen contigo, sólo con tu escritura, sólo con tu capacidad de contar, cada vez, mejores historias.

Así que la cuestión es esta, ¿por qué has creado algo? Porque da igual lo que disimules, el verdadero motivo se nota.