No hay nada bueno en hacerse viejo, excepto un par de cosas. Una es que todo eso que te importaba tanto, por lo que sufrías no pocas veces, deja de hacerlo.

La otra es un efecto secundario de todo ese tiempo que ya no pierdes con la opinión de los demás o los cuentos de éxito que te vendieron.

Sin todo ese ruido, empiezas a ver el arte como lo que es, a trabajarlo como debes aunque siga sin salir bien y a preocuparte por lo que importa. Que no es el sí de ese comité de marketing editor o aquellas riquezas con las que soñabas, sino algo mucho más importante, el papel y el valor que tiene la creatividad, el arte, en tu vida y en la de los demás.

Comienzas a reconocer el verdadero sentido de la escritura, pero también de todas las otras maneras en las que podemos expresarnos, porque no he conocido a un buen escritor que no estuviera interesado en el resto de formas que adquiere la misma esencia que él trata de atrapar entre los renglones.

Te centras en lo fundamental, que es expresar lo que tienes dentro y no quieres que se quede ahí cuando digan tu nombre por última vez. Y sientes eso que no puedo explicar cuando relees y crees que lo has hecho bien, que lo has intentado al menos de una manera honesta, como merece lo importante.

No parece importante.

Miras alrededor y los primeros que caen son la cultura y el arte. No da votos, no da dinero, no se entiende y es una voz de la conciencia molesta, así que no hay nada para él. A la mayoría no le importa de todos modos y unos cuantos lo aborrecen directamente… hasta que necesitan un refugio porque llueve, hasta que necesitan comprender qué les pasa, por qué eso que sienten duele o a qué se debe ese otro gozo tan intenso. Saber que todo eso lo vivieron otros y lo expresaron de maneras que curan o, más importante que eso, acompañan cuando nada más puede hacerlo.

Compadezco a los que no saben que el arte es ese algo, tan necesario como el agua y el aire, más incluso. Porque veo beber y respirar a muchos, pero no creo que estén vivos.

Es difícil transmitir lo importante cuando hablas de arte y creatividad, pero hay unos pocos que pueden hacerlo. No me considero uno de ellos, estos párrafos han sido un asunto incómodo. Pero he aquí un invitado que no esperas, el actor Ethan Hawke que, en menos de 10 minutos, cuenta de forma maravillosa el papel del arte, la creatividad y una historia sobre Allen Ginsberg.

Es lo mejor que vas a escuchar en mucho tiempo.