El verdadero enemigo del escritor

23-02-2022

La semana pasada hablaba de que no sirve de nada leer analizando para aprender a escribir y, como suele pasar en ocasiones (tampoco muchas, pues no soy nadie) algunos expresan su opinión de una manera vehemente, haciendo ver que te equivocas, insistiendo en ello: te equivocas.

Eso está genial, lo digo en serio.

En esos casos, no me molesto en debatir, tampoco tiene mucho sentido. Es su experiencia y esta la mía, la verdad absoluta resulta muy poco interesante si es que existe y, además, es cosa de fanáticos y dictadores.

Eso y que te haces mayor, lo cual tiene todos los inconvenientes y solo una ventaja: te dan igual las cosas, especialmente muchas de aquellas por las que sufrías y que, sobre todo, tienen que ver con los demás y su opinión de lo que dices, haces o eres.

Eso también te concede una claridad en la que te das cuenta de que el enemigo cuando escribes no es la reacción contraria, sino la falta de reacción. O dicho de otro modo, el silencio.

Porque las opiniones negativas te cierran el estómago y quieres esconderte de todos, pero la ausencia de opinión te lo hunde, te rompe un poquito de una manera especial (peor) y no hace falta que te escondas, lo que querías en realidad era que te vieran y supieran que existías, pero no. Escribes algo y nadie lo lee, publicas algo y nadie lo compra. Crees que tu diatriba va a ser polémica y levantar ampollas, sientes ese vértigo antes de publicar por el qué dirán, pero el mundo casi siempre tiene la misma opinión de ti: ninguna porque no eres bastante importante como para eso.

Es normal, es el destino de la enorme mayoría y el verdadero enemigo. Y que duele de una manera especial, porque no te están diciendo que eres un idiota equivocado, te están diciendo que no eres nada.

Hoy, todo el mundo está inundado de estímulos, hasta arriba, tratando de sacar la cabeza del agua y diciendo miradme. Es un zoco donde todos hemos venido a vender y a hablar, no a comprar ni escuchar.

Sin embargo, tú insistes con tu libro o tu historia, pruebas a hacer eso que dicen del marketing, pero suele tener un impacto mínimo y, especialmente en el mundo de la literatura, algo hecho para caminar despacio, te encuentras con un monstruo insaciable basado en un sistema de quema de novedades, que duran días y luego se olvidan. Años de trabajo para ese instante fugaz en caso de tenerlo o, peor, para ni siquiera eso.

Desde que se abarató la impresión (tanto en papel, como con la facilidad de sacarlo en digital) ese es el negocio. Ver qué flauta suena y, si no lo hace enseguida, a otra cosa y tú al olvido. O peor aún, quedas marcado y que sepas que los siguientes editores buscan tu nombre en caso de haber publicado, miran lo que has vendido y pasan porque tienes la letra escarlata, no importa lo que hayas escrito.

A ver qué famoso podemos poner en portada.

En realidad, ese sistema de huir hacia adelante, quemando todo por el camino, es la manera de vivir ahora. Siempre con otra noticia, otro escándalo, otro tuit, acelerando y acelerando sin destino.

En realidad, la vejez no te quita los miedos, te los trae, pero el del ridículo y las opiniones, cada vez menos. El miedo ha de tenerse a otras cosas, a ese publicar y escuchar los grillos.

Ese es el enemigo del escritor, porque lo más terrible es que nos recuerden nuestra irrelevancia, que empezamos a escribir para espantarla y es como una espada de madera en una guerra de verdad.

Que los escritores solemos decir que somos unos introvertidos y amamos el silencio, pero, en realidad, es el enemigo.