Suele haber un consejo de escritura que se repite bastante, sobre el que se discute mucho y que a menudo se interpreta mal: el de escribir sólo sobre lo que sabes, si es que quieres hacerlo bien.

Creo que, sin que sirva de precedente, ese consejo es cierto y haríamos bien en seguirlo.

Para mí, las buenas novelas son sinceras y dicen la verdad, son un ejercicio de honestidad y confesión sobre lo que llevas dentro. Conseguir esa honestidad es imposible si escribes sobre lo que desconoces.

Y sí, por «buenas novelas» quiero decir «las que me gustan», pero también las que pasan la prueba del tiempo aunque a mí no me agraden. Esa es la única prueba que importa, porque conecta con el verdadero objetivo de escribir, que es tratar de vivir y perdurar un poco más, como sea.

Esa honestidad y ese escribir sobre lo que conoces poco tiene que ver con temáticas, géneros y argumentos, que pueden ser de lo más diverso e inventado. Maya Angelou lo dijo mejor que nadie en una entrevista cuando le preguntaron sobre si los buenos escritores eran excelentes mentirosos, capaces de crear una fabulación tan perfecta que nos la creíamos.

No sé muy bien si los novelistas mienten. Observo a algunos de los grandes y creo que la razón por la que son grandes es precisamente que dicen la verdad. El hecho es que están usando nombres inventados, personas inventadas, lugares inventados y tiempos inventados, pero están diciendo la verdad sobre el ser humano: de lo que somos capaces, lo que nos hace perder, reír, llorar, caer y rechinar los dientes y retorcer las manos y matarnos y amarnos.

Ahí está la clave de escribir sobre lo que sabes.

Lo externo, la envoltura, es sólo un pretexto, pero lo de dentro no se puede fingir. Creo que, cuando uno es honesto, escribe sobre lo que más necesita aprender en ese momento. Escribir es pensar y tratamos de hacerlo para comprender lo que llevamos dentro y lo que nos rodea, confunde, duele o alegra. Escribimos por si encontramos algo en ese bosque o, al menos, para recibir el consuelo que proporciona la escritura cuando eres lo bastante sincero con ella.

Si queremos escribir algo que pase esa prueba del tiempo, hemos de escribir la verdad de la que habla Maya Angelou y no puedes hacerlo sobre aquello que ignoras.

Esa sinceridad es, además, la única manera de conectar con los demás, otra de esas cosas que siempre estamos deseando e intentando. Para eso nos valemos también de la escritura, especialmente los que somos introvertidos sin cura. Y de nuevo es imposible conectar con alguien usando una ficción burda de lo que no somos o una fachada que se cae.

Porque si no conoces aquello sobre lo que escribes, al final es fachada y se nota.

Lo que pasa es que la verdad asusta y tiene la manía de doler mientras tratamos de deshacer su nudo. Por eso (nos) ocultamos cosas, no nos atrevemos a escribir lo que realmente queremos o pensamos que a nadie más le va a interesar, además de que romperemos esa imagen de que tenemos algo claro en esta vida.

Si lo tuviéramos, no lo escribiríamos.