De vez en cuando, alguien me sigue preguntando que cómo es posible que escriba aquí cada semana desde hace yo qué sé los años, que de dónde saco los temas y de dónde la motivación.

La motivación da igual, no tiene nada que ver aquí ni resulta importante.

Los temas, por otro lado, vienen de lo que leo, lo que veo, lo que vivo y lo que me interesa. Al final, lo que sale es producto necesario de lo que entra, tamizado por las cuantas décadas que ya he vivido.

Eso y que no estoy sujeto a ninguna temática en concreto, esta es mi casa, reflejo de mi verdadera casa dentro de mí, donde el problema no es el espacio, porque caben todavía muchas cosas, el problema es el tiempo, porque no me dará para refugiar bajo mi techo a todas las que quiero.

En mi opinión, la mayoría de los que empieza una web y escribe en ella lo hace por un motivo equivocado que, inevitablemente, le lleva a un callejón sin salida. Lo hace por algo ajeno a la necesidad de expresarse y compartir lo que lleva dentro, a veces con nadie, a veces con los cuatro que están tocados de la misma ala y lo entienden. Pero es que el problema se basa en que no quieren a cuatro, sino a cuatro mil, que no lo hacen por la necesidad de escribir, sino porque compraron la noción equivocada de que algo así es necesario para ser famoso, crear una audiencia o vete a saber qué otro objetivo vano y mercantil que enganchar a la escritura. Que enganchar poniendo el carro antes que el caballo.

Así que escribir se convierte en otra obligación más, en otra cosa que hacer al servicio de un fin que resulta ajeno al arte y está supeditado a otras cosas, que son las que realmente quieren.

A finales de 2018 me propuse escribir aquí cada día durante un mes y lo alargué prácticamente otro más. Y ya lo dije, no sólo no me resultó especialmente difícil, sino que se fue haciendo cada vez más fácil. Igual que me quejo de la falta de tiempo para leer todo lo que quiero antes de irme de aquí, también me quejo de la falta de tiempo para escribir y hablar de todo lo que quiero antes de irme de aquí.

¿Cómo pueden faltar cosas que decir mientras respires?

Cuando al comediante George Carlin le preguntaron por su capacidad para ser tan prolífico y tener siempre material, su respuesta fue que se propuso, cada año, sacar un especial completamente nuevo, lo que le obligaba a desechar su material del año pasado y crear otro completamente inédito. Al estilo de Cortés, quemaba las naves y no tenía otro remedio. Soy muy fan de esa premisa, porque yo soy de los que hace las cosas cuando no le queda otra opción.

Avanzas porque no hay otra salida, que algunos dirán que eso es huir hacia adelante y me parece bien, porque sospecho que todos los que avanzan lo hacen igual de aterrados que yo, sólo disimulan mejor.

Creo que el cerebro, cuando no está ocupado construyendo sus castillos de ansiedad, tiene un potencial increíble, es ese crío vago del colegio que sabes que puede hacerlo, pero dedica todo su genio a escaquearse en vez de a trabajar. Pero cuando no tiene más remedio, es capaz de escribir treinta días seguidos y de regalo treinta más. Es capaz de excavar más hondo y encontrar algo que decir. Porque al final, si no tienes algo que escribir es porque no has cavado con bastante profundidad, por miedo a lo que quieres expresar, porque las cosas que merecen la pena también son las más aterradoras y están ahí porque las enterramos bien hondo en primer lugar.

Si no te da un poco de apuro pulsar ese botón de publicar o incluso poner en negro sobre blanco algo, probablemente no merecerá la pena. Serán cosas de superficie, pequeñas nimiedades de aquí y de allá, exentas de alma y de todo eso que vive bajo tierra y necesita salir, por mucho miedo que dé.

De eso ya hay mucho. Muchos libros diciendo las mismas obviedades, copiando los mismos esquemas, contando la misma historia de idéntica manera.

Así que te pones a ser uno más y nada encaja y a nadie interesa mucho, porque siempre va a haber alguien que describa mejor que tú y que yo todos esos lugares comunes, pero no puede haber nadie que exprese los tuyos, excepto tú.

Será incómodo, estará lleno de suciedad y barro, removerá cosas y te mancharás hasta los ojos, pero es lo que tienen tanto escribir como excavar.