La actitud de Bell Hooks

26-01-2022

Antes de empezar, como la semana pasada comenté lo del libro de cómo vivir de escribir, o de redactar para otros, mejor dicho, he recibido algunos mensajes de interés. Para esos, he aquí un extracto sobre la sección dedicada a cómo encontrar clientes para los que escribir. Así podrán tener una idea de lo aburrido y pragmático del proyecto.

Y ahora sí, lo importante.

Miro la fecha, todavía es enero, ese mes de comienzos, el que pasa un poco más lento antes de que febrero y julio parezcan separados solo por treinta días.

Y me he tropezado con las palabras de la autora Bell Hooks, fallecida recientemente por desgracia. Palabras que muestran el lado de la escritura que salva. Que en realidad salva toda, pero ya se sabe cómo somos las personas, destacamos más la parte de la pelea del arte, yo el primero.

Sin embargo, no todo es así, como bien refleja Hooks en su libro Remembered Rapture: The Writer at Work, que me ha descubierto Mason Currey, autor de Rituales cotidianos: Cómo trabajan los artistas (2014 - Editorial Turner Noema).

Hooks dice así.

Empecé a escribir en mi niñez. Y sigo escribiendo, entrando rápidamente en la madurez con un buen puñado de palabras que he convertido en libros a mi lado. Ninguna pasión en mi vida ha sido tan constante, tan verdadera como este amor. Ninguna pasión ha sido tan exigente. Cuando las palabras llaman, para responder, para satisfacer el impulso, debo acudir una y otra vez a un lugar solitario, un lugar en el que estoy completamente sola. En ese momento de gracia en el que las palabras llegan, cuando me entrego a su poder extático, no hay testigos. Sólo yo veo, siento y sé cómo mi mente y mi espíritu se dejan llevar. Sólo yo sé cómo el proceso de escritura me altera alquímicamente, dejándome transformada.

Porque, como bien dice Hooks, la escritura es, esencialmente, un proceso individual, tan difícil de describir para otros, de que lo comprendan si no lo han vivido.

Saber que los escritores negros se habían enfrentado a dificultades que inhibían su capacidad de crear o de completar las obras que habían empezado me sirvió de catalizador para desafiarme a escribir contra las barreras, a completar el trabajo, a no tener miedo del proceso de escritura.

Para Hooks, la escritura es ese proceso alquímico, en el que es capaz de convertir lo aparentemente negativo en combustible. Y eso incluye, no lo niego, uno de mis mayores temores.

A menudo pienso en los caminos que Lorraine Hansberry podría haber tomado si hubiera vivido más tiempo. Su muerte y las muertes prematuras de Pat Parker, Audre Lorde y Toni Cade Bambara, por nombrar sólo a algunas, son recordatorios constantes de que la vida no nos está prometida y de que es crucial que un escritor respete al tiempo. Sin urgencia ni pánico, un escritor puede utilizar este reconocimiento, tanto para dedicar el tiempo necesario a la escritura, como para aprovechar ese tiempo.

Me parece que, en un sitio como este, donde la pelea suele estar presente a menudo, porque la vida es conflicto nos guste o no, la mentalidad de Hooks sobre la escritura es más necesaria que nunca, una parte amable y positiva en el fondo, que siempre está ahí también y que conviene no olvidar nunca.

Esa actitud es la adecuada para iniciar un año que no nos está prometido. Razón de más para convertirlo en algo bueno.