Muchas veces he hablado aquí de Hemingway. Me parece un genio, pero no por esa admiración típica de chaval que empieza e idolatra a quien sacó de su bar favorito a un león por el penacho. Y es que no dejaba de cagarse. Porque, no sólo Hemingway no era modelo de nada, sino todo lo contrario. Mucho más imperfecto de lo que podría imaginarse, vivió siempre con una tremenda inseguridad que compensaba constantemente. Emocionalmente inmaduro e incapaz de estar solo, afrontar una crítica, o soportar el éxito de los que le rodeaban, vivió a la sombra de la envidia de Scott Fitzgerald. También mintió acerca de sus ventas, su propio éxito y medró todo lo posible por hacerse un hueco, a codazos o como fuera, en el panorama literario. Si tenía que hablar mal de alguien para eso, no lo dudaba. Y le llegó el éxito y, como siempre pasa con esas cosas, no solucionó nada, sino que exacerbó más todavía esos defectos. Ni qué decir tiene que su talante depresivo, la tendencia suicida presente en su familia y el alcoholismo lo abocaron a ese final tan conocido. Hemingway, como yo, como tú, tenía muchos más defectos de los que pueden contarse. Miserias íntimas que salen a la luz con pelos y señales, porque ese es el precio de la inmortalidad y el héroe. Arrastrar el cadáver por la plaza y juzgar, como verdaderos idiotas, el pasado que fue respecto al presente que tenemos. Y a pesar de todo eso y de cómo era, creó obras maravillosas y por eso la admiración. Porque no era un superhombre, sino todo lo contrario. Ahí está lo que inspira, que no es necesario ser perfecto ni mejor que el resto, sólo dedicado, sólo disciplinado, obsesivo y enamorado de algo tan fútil y desagradecido como escribir. Hemingway (quién no) siempre tuvo problemas para amar bien, y supongo que de ahí su devoción por la escritura. Pero la cuestión principal es: Si la persona más imperfecta del mundo puede hacer todo eso, entonces no hay excusa. La cantidad de sacrificio y horas, incluso en presencia de todos esos defectos, es lo admirable. Grandes cosas fueron hechas por personas horribles o tremendamente imperfectas. Es mejor no profundizar en la vida de la Madre Teresa, Gandhi o Lennon. En serio, mejor no o ya no escucharás el Imagine de la misma manera. La mayoría de artistas eran verdaderos capullos y maltratadores, o adolecían de trastornos bipolares y caracteres tortuosos. Y, aún así, gracias a eso o a pesar de eso, personas muy imperfectas crearon obras inmortales. Eso es lo motivador, porque, ¿qué mérito tendría de otro modo? Si las mejores obras fueran patrimonio de héroes o santos, ya podríamos dejar todos el bolígrafo sobre la mesa y sentarnos al sol del mediodía. El hecho de que grandes cosas fueron hechas a menudo por personas que sufrían tremendas carencias, en un sentido u otro, es una realidad liberadora. Y de ahí parte mi verdadera admiración, tanto por Hemingway como por otros. Porque si esos escritores del Olimpo se parecieran a su mitología, ni serían figuras interesantes, ni me parecería que hay algo que aprender de ellos.