Hace algún tiempo hablaba sobre la carta de Scott Fitzgerald que todo escritor debería leer, pues contiene la lección más importante que se puede aprender. Hoy, la segunda parte espiritual de aquello, con otra carta del mismo Fitzgerald, curiosamente escrita 15 años antes y a su hija, durante el comienzo del instituto. La carta parece motivada por la decepción de la hija con una historia que ha escrito y que, al parecer, no había llegado al estándar que esperaba de sí misma. De nuevo y sin que suene a hipérbole (un poco sí lo es, pero que no suene) contiene tanta sabiduría sobre escribir en apenas unos párrafos, que me da vergüenza hablar del tema después de leer estas cosas. Al fin y al cabo no tengo ni idea, hoy ha roto el alba con un relato realmente malo que propiciaría otra carta de Fitzgerald, pero seguramente bomba. Quizá por eso tapo esa ignorancia con estos fetiches epistolares, que dan fe de lo que realmente hace falta para una buena escritura de verdad, a la vez que muestran otras facetas tan humanas y complejas como las relaciones, las expectativas y tantas otras cosas que rodean al arte y a la vida. Me lío, como siempre. He aquí Fitzgerald.


Grove Park Inn Asheville, N.C. 20 de octubre de 1936

Mi muy querida Scottina: […] Ni por un momento te desanimes porque tu historia no sea la mejor. Al mismo tiempo, tampoco te voy dar ánimos sobre ella, porque, después de todo, si quieres conseguirlo a lo grande, tienes que tener tus propias barreras que saltar y aprender de la experiencia. Nadie se convirtió nunca en escritor queriendo ser uno. Si tienes algo que decir, algo que sientes que nadie ha dicho antes, tienes que sentirlo tan desesperadamente que encontrarás alguna manera de decirlo que nadie haya encontrado antes, de modo que lo que tienes que decir y la manera en cómo lo dices se mezclan en una sola cosa. Tan indisoluble como si hubieran sido concebidas juntas. Déjame que predique de nuevo por un momento: Quiero decir que lo que has sentido inventará, por sí mismo, un nuevo estilo, de manera que cuando la gente hable sobre tu estilo, siempre estén un poco sorprendidos por la novedad del mismo. Porque piensan que es sólo de estilo de lo que están hablando, cuando de lo que hablan en realidad es del intento de expresar una nueva idea, con tal fuerza, que tendrá esa originalidad de pensamiento. Este es un negocio terriblemente solitario, como ya sabes, nunca quise que te dedicaras a esto, pero si lo vas a hacer, quiero que vayas a él sabiendo la clase de cosas que a mí me llevó años aprender. […] Nada que sea mínimamente bueno es fácil. Como sabes, nunca has sido educada para ser blanda, ¿o es que me estás fallando ahora de pronto? Cariño, sabes que te quiero, y espero que vivas de manera absoluta para lo que te he escrito al principio.

Scott.