Puede que esta entrada sea sólo una excusa para presumir de cuaderno nuevo, una obra de arte hecha ex-profeso, completamente a mano, en la librería Libros 10, el sitio en el que dejaría de por vida al hijo que no voy a tener. Pero no es sólo eso. Ese cuaderno me da un poco de pena, pues va a acabar escrito por mí y aunque ahora es bonito lo voy a volver feo, porque supongo que es lo que hago y no se va a parecer nada a todos esos que aparecen en posados de Instagram, marcados con hashtags cada vez más ridículos. Curiosos esos cuadernos que parecen obras de arte, esas páginas con caligrafía perfecta, dibujos en el borde, cada página un lienzo. Están sobre una mesa de madera vieja, a su alrededor hay una pluma cara, pétalos de rosa y un filtro para las imperfecciones. Y te das cuenta de que, si son así, no están sirviendo para un verdadero trabajo, son sólo pose y foto y no se tocan hasta que tienes que aparentar algo más. Uno mira y ve que, si hay una frase en la página, es una de inspiración de baratillo, una tontería mentirosa con buena letra que merece un sobre de azúcar y no un papel de verdad. En otra página de esas fotos perfectas ves que alguien ha puesto sus tareas para el día, también en caligrafía recargada: compra, afirmaciones, yoga, respirar… Respirar, alguien tiene que ponerse entre sus tareas la de respirar, ahora entiendo la foto completa. Todo es postura para la Red social y la vida no es así. La creación no es así y desde luego la escritura tampoco. Los cuadernos, sean bonitos o no, no están hechos para eso. La vida es caos y tachones, la naturaleza de lo importante y de la creación es siempre cambiante, un barrizal en el que te metes hasta los ojos con la esperanza de que, después de mucho trabajo y de que se te quede tinta y mugre bajo las uñas, quizá saques algo que brille, como siempre ha sido buscar oro. Todas esas fotos son falsas y la creación no se parece a esos posados de caligrafía, escenario irreal y cosas bonitas. Mis cuadernos están llenos de tachones, no recuerdo dónde he puesto nada y voy adelante y atrás todo el rato buscando sin encontrar porque soy un desastre. Y, por favor, espero que no pasen más de dos días antes de que relea notas o pedazos, porque si es así, seguramente no los entienda. A veces miro las redes y me da la impresión de que todo el mundo está intentando enseñar sobre escritura y nadie está intentando aprender. Todos maestros, pero la realidad es que nadie tiene ni idea y todo el mundo lo hace lo mejor que puede con lo que tiene. De cara a la galería todo muy bien, todos esos maestros, pero es mejor no ver el proceso de fabricación, ni de la escritura ni de nada (especialmente de lo que comemos). Vemos esos productos limpios y pulidos, listos para la venta en las estanterías, y asumimos que su creación habrá sido similar e impoluta, pero nada más lejos de la realidad. De veras que es mejor que no veamos dicha creación porque no se parece en nada, porque es necesario ensuciar y fallar muchísimas más veces de las que aciertas para sacar el oro de todo ese barro. Es así siempre y con todo, así que la escritura no es una excepción. En el proceso de creación tienes permiso para tachar y ser caótico, para que nada salga a la primera, porque si no es horrible a veces, no saldrá. Yo veía toda esa pose y, sobre todo antes de la llegada de la pose, todos esos libros perfectos en la biblioteca, ya pulidos y limpios como los productos del supermercado. Eso me generaba frustración y pensaba: ¿Nacieron ya así? ¿Es que no valgo? ¿Es que soy malo? Porque en mí todo es caos, lo que escribo se levanta en armas, no encaja, me da vergüenza que alguien lo vea a medio, pensarían que soy un fraude porque además me cuesta un mundo que algo case y sea legible. Y cuando creo que ya está, vendrán la errata de las 11:32 y el que siempre te dice que es un asco. Pero no, es que las cosas son así, deben serlo porque es con caos como funciona y las redes sociales son mentira, una imagen perfecta e irreal, elegida entre cien para que parezca natural. Y a la que le pones una capa encima porque lo real ya no basta. Lo siento por ese cuaderno, de veras que es precioso y todavía puro, y lo voy a manchar hasta la última página y ojalá nadie vea nunca lo que hay escrito ahí. Será la única manera de que sirva para algo bueno y sincero.