La escritura y la felicidad

12-01-2022

Cada dos por tres veo algún comentario que se resume en que alguien ama tanto escribir, que no quiere convertirlo en una obligación. Que sólo quiere ponerse a ello cuando le place, cuando entran esas ganas de contar una historia.

Que para un refugio que queda, mejor no mancharlo convirtiéndolo en otra cosa más que hay que hacer, tengamos ganas o no.

El principio es muy loable y cada uno debe hacer lo que quiera, faltaría más, vivir la escritura como desee, que para eso está. Lo que pasa es que esa mentalidad no lleva a escribir mucho, ni a hacer realidad todas esas fantasías de nuestra cabeza. Quizá parirás un párrafo o dos de vez en cuando, que puede que sean muy inspirados y lo claven, pero es que eso es lo más fácil que hay y no dice nada sobre tu capacidad como escritor. Al contrario.

Todo el mundo puede escribir algo bueno, ya sea por suerte, predisposición, pericia o cualquier otra cosa, pero lo complicado es crear la historia completa, repetir esos párrafos inspirados durante 200 o 300 páginas. O durante tres o cinco.

Ese es el mérito, lo que separa a los adultos de los niños, al escritor del que juega a serlo.

Y, por supuesto, es imposible conseguirlo cuando escribes sólo en los momentos en los que te apetece.

Las cosas no funcionan de esa manera en el mundo real, ni con la escritura, ni con nada. Pero insisto en que, quien quiera dedicarse de esa forma o hacer de la escritura un hobby que aligere los días, es genial. Probablemente, mucho más sano que la obsesión del escritor y la de dedicar su breve tiempo aquí a algo con una probabilidad de fracaso que roza el 100%.

Si eres de esos locos (y no lo digo en el buen sentido) la mentalidad necesaria para escribir empieza por dejar de confundir lo bueno con lo placentero. Debemos dominar mejor el lenguaje y no usar esas dos palabras como sinónimos, que están bien lejos si las buscas en el diccionario.

Inyectarse heroína no es lo más adecuado si quieres seguir teniendo una vida, pero estoy seguro de que tiene que ser lo más placentero del mundo. Hacer ejercicio puede no ser lo que más apetezca o apasione, pero es de lo mejor que podemos hacer. Lo mismo con la comida y las relaciones. Cualquier relación que esté basada en un buen momento tras otro, dejándola de lado en cuanto es un poco incómoda, no está basada en nada que merezca la pena.

Eso es 100% aplicable a la relación con la escritura.

Lo que está fundamentado en el gusto, el placer y la felicidad es superficial, frágil y egoísta. No vas a construir nada que perdure o sea valioso, de la misma manera que no vas a acabar historias o crearlas de manera consistente, manteniendo un buen nivel durante dos mil parráfos y no solo un puñado.

No abandonas a quien quieres en cuanto las cosas vienen mal dadas, te dedicas más a ello, a trabajarlo y protegerlo y atravesar ese desierto juntos, hasta llegar al otro lado. Nunca apetece, pero es lo mejor, porque de veras que bueno y placentero no tienen nada que ver aquí.