Desde el inicio del verano no he hecho otra cosa que escribir. Miro hacia atrás y analizo a conciencia estos meses, también compruebo cómo fue el proceso creativo de grandes escritores (es decir, leo por encima las sartas de insultos y maldiciones en sus cartas o públicas). Y como conclusión personal está esta imagen, que resume la montaña rusa bipolar en la que te montas cuando se te ocurre crear algo, ya seas humilde o veterano. Captura de pantalla 2013-09-26 a las 15 Ese “maravilloso” paisaje de picos y valles sigue hasta que el vagón descarrila y lo dejas o hasta que eres el cabezota suicida que alcanza un final, aunque sea un final de mierda. Entonces haces una tregua, dices que ya vale, que aquí se termina y sólo quedan las tres letras de FIN. A veces las pones con recelo, a veces más orgulloso, pero presionar la “N” trae algo de alivio breve. La cabeza te dice también que ya vale, que te busques otra manera de perder cordura. Y tú piensas que tiene razón mientras resoplas. Luego, como un crío, vuelves corriendo al principio de la atracción. Siempre parece ser así en cualquier proceso creativo y le ocurre a todos los que vuelcan un mínimo de pasión en la ecuación, así que, quieras que no, saber que no estás solo es un consuelo. El de los tontos, pero consuelo.