No soy nadie y cada mañana me pregunto por qué persevero, por qué insistir en este viaje a la frustración cuando amanece. La respuesta es que efectivamente no soy nadie y esto no puede ser de otra manera.

La semana pasada hablaba de excavar y escribir. Para quien no ha cavado algo, decir que es mucho más duro de lo que parece en las películas, que cogen la pala, cortan el plano y de pronto ya tienen la tumba hecha y están tan frescos. Sin ampollas en las manos ni el resuello perdido.

Pero es que las cosas buenas viven ahí, justo detrás de esa frustración.

Hace unas semanas estaba escuchando a un neurobiólogo que hablaba de que el aprendizaje y la mejora se encuentran en ese punto en el que parece que no puedes, pero perseveras un poco más a pesar de todo y no bajas los brazos. Caminas en la dirección contraria al resto, porque acudes voluntariamente a ese lugar cada día.

Y luego, con suerte, aprendes a relajarte en esa incomodidad porque ahí es donde encuentras lo bueno, así que a veces pescas algo y vuelves a casa con la cesta llena, y otras veces no.

La recompensa aleatoria es la perdición de los seres humanos, con algo tan simple nos domina un algoritmo para que sigamos haciendo clic en Facebook o Instagram. La escritura también es un poco así, a veces merece la pena y otros días simplemente existen porque son el paso necesario hacia alguno mejor.

Quizá consuele saber que todos estamos ahí, no importa lo grandes que seamos o que nadie conozca nuestro nombre. Compartimos esa experiencia y no hay manera de librarse de ella, porque el camino no acaba. Aunque te conviertas en el mejor, siempre tienes que llegar a ese punto de frustración.

Está bien, porque de veras que la neurobiología dice que es donde creces y aprendes.

Hace unos meses, vio la luz un documental sobre el maestro Hayao Miyazaki. A muchos les sonará el nombre, a quiénes no, les envidio porque podrán ver sus obras de arte por primera vez.

Creador del Estudio Ghibli, sus películas son lo que todos querríamos haber hecho. La manera en la que me han fascinado e infuenciado no la puedo describir con justicia. Y al parecer, todas han salido de ese lugar de frustración al que ir voluntariamente en vez de evitar, en el que perseverar para volver con algo bueno.

En un curioso hilo de Twitter llamado: «El proceso creativo en 43 pantallazos de Hayao Miyazaki», Mason Currey capturó fotogramas de ese documental que muestra un día de trabajo del maestro y dan buena cuenta de lo que supone crear.

Merece echar un vistazo al hilo completo, aunque voy a poner algunas imágenes más abajo.

Hay que desterrar esa noción de que se vuelve fácil alguna vez. Si quieres hacerlo lo mejor posible, tienes que ser Miyazaki cuando dice en ese documental:

Puedo sentirlo cada día, el límite de mis habilidades.

Para los que nos sentimos frustrados a menudo, saber que no estamos rotos ni lo estamos haciendo mal, es así. Es la naturaleza el juego y una señal de que vamos en la dirección adecuada hasta el incómodo límite de nuestras habilidades. Y que una vez allí, debemos empujar un poco más.

He seleccionado solamente algunos de esos pantallazos, es importante recordar que en esta experiencia no estamos solos, no importa si somos completos desconocidos o uno de los mayores genios contando historias.