Lo sé, la mayoría de lo que escribo aquí puede resumirse, como todo en la vida, con algo que apareció en los Simpsons. Con esto, en particular.

simpsons

Pero bueno, este es mi rincón y grito a las nubes lo que quiero sin que eso vaya a cambiar nada ni lo pretenda. Que no se diga que no aviso de que a continuación desbarro sin sentido y nada más. Además, miro el calendario y está todo el mundo en la playa y hace muy bien, nadie va a leer esto un 26 de julio. Recientemente, y sin que tuviera nada que ver con la escritura, estaba leyendo algo escrito por un usuario anónimo de Internet que decía que ya resultaba imposible aprender algo en profundidad, aprenderlo bien, cuando te pones a buscar en Internet. Y no le falta razón. Siendo las personas como somos, la realidad es que ahora ya no vamos a la biblioteca ni, sobre todo, nos dejamos aconsejar por el bibliotecario cuando buscamos información de calidad, profunda sobre un tema que nos interesa. Recurrimos a Google, lo cual está muy bien, pero apenas pasamos de la primera página (de los primeros resultados, de hecho) y, lo que nos encontremos ahí, es lo que hay. Así que, por ejemplo, uno busca «cómo escribir bien» y se encuentra con que estos dos resultados copan los primeros puestos y son la tónica que, por desgracia en mi opinión, se ha impuesto desde hace un tiempo. escribir bien Uno es un artículo de periódico sobre «Las 7 llaves» para escribir bien y el segundo es un vídeo de cómo escribir bien en «sólo 5 pasos». 7 llaves necesitas y sólo 5 pasos ya para cualquier cosa, escribir bien incluido. Ya ves, no sólo una vida o varias. Quién se lo hubiera dicho a todos esos Nobeles, que no hacía falta haber sacrificado toda una existencia ni días de playa. Es más, estoy seguro de que todos los escritores que doblan las baldas de mis estanterías no han tenido en su llavero esas claves, ni han dado uno solo de esos pasos. No sé cómo han podido llegar ahí. Pero es que ese conocimiento de los primeros puestos, inservible, superficial y que no es conocimiento, sino entretenimiento para un rato que nunca aplicarás, es la tónica. Y lo que es peor, me da que sólo se va a acentuar en el futuro y que, quien quiera un conocimiento profundo de lo que sea, escribir incluido, va a tener que alejarse de Internet, o al menos buscar bien hondo. El problema para mí no es que el buscador, realmente, no sepa discriminar los mejores resultados y ver que eso es inservible y está ahí por la «fuerza» en cuanto a posicionamiento SEO que tiene el periódico del primer resultado, por ejemplo. Por cómo funcionan estas cosas, ese diario siempre tendrá más fácil posicionar arriba cualquier mierda que se escriba ahí que cuando lo haga una humilde web que se lo trabaja de verdad. El problema es que el buscador ofrece eso, en gran parte, porque es lo que la gente quiere y lo que la gente pincha. Y como es lo que la gente quiere y pincha, los que buscan atención siguen el patrón y saturan aún más, hundiendo el conocimiento verdadero. Hay multitud de libros que enseñan muchas cosas importantes sobre escritura, ninguno de ellos en 7 llaves ni 5 pasos, pero casi nadie que busca en Google quiere eso. Todo se ha reducido hoy a una lista de 5 o 10 cosas dichas por alguien que raramente tiene alguna idea, pero se quiere ganar la vida con el marketing de contenidos o escribiendo para otros, lo cual me parece muy bien por otra parte. El marketing quiere vender y lo que la gente compra son esas basuras, igual que compramos comida rápida. Sabemos que esa comida no es buena y esos artículos menos, pero los consumimos, a mí me está entrando hambre de pizza por escribir esto y, al fin y al cabo, Google da a la gente lo que quiere. Igual que las editoriales dan a la gente lo que quiere y ahí arriba suelen estar esos tochos de espías, fustas y diálogos imposibles. Es normal, los que no consumen eso son minoría y nadie quiere arruinarse.

La atracción irresistible de la bala mágica

Las personas tenemos una tendencia natural a creer que hay atajos, secretos y balas de plata. Nos fascinan. Y da igual que sepamos que realmente no es así y no haya sustituto para el trabajo, para las miles de horas de leer y escribir por el límite para hacerlo bien. Nos sentimos irremediablemente atraídos por esas listas de 10 consejos para ser best-seller. Y hacemos clic y nos dan una cierta satisfacción que luego sólo hace el agujero más grande. También sabemos que la ensalada es lo que hay que comer más a menudo en vez de esa pizza que sigue creciendo en mí, o que moverme me permitiría sacar un poco de ventaja al infarto antes de que me atrape tumbado en este sofá. Pero la naturaleza humana es la pereza y el estímulo inane y constante. Por eso escribir bien es un acto antinatural, porque hacerlo implica enfrentarse directamente contra esa pereza. Todo el que ha hecho algo grande, en lo que sea, no lo ha hecho siguiendo los 3, 5 o 10 «trucos» de los que están llenos las primeras páginas de Google. Eso sólo sirve justo para lo contrario, para impedirnos avanzar y empantanar con chorradas lo decente que hayamos aprendido de los libros y maestros buenos. Y es más, la mayoría de gente que da esos consejos de primera página, destilados en fáciles listas, no han hecho mucho ni suelen ser muy buenos. No veo a McCarthy ahí, sigo buscando algo de Lispector (tengo un fetiche con cómo escribe esa mujer, qué le voy a hacer) o incluso Rowling, pero nada. Stephen King escribió un tocho decente, como han hecho otros escritores, pero no eran una lista de dos minutos de lectura…

La tontería de la autoconfianza

Hoy día hay una tendencia (derivada de la autoayuda inútil que instala la creencia de que mereces algo sin hacer nada, como por puro derecho de nacimiento) a pensar que nadie te debe de dar permiso para ser lo que quieras. Lo cual está muy bien y es cierto para algunas cosas, pero de ahí se hace un salto enseguida hacia la noción de que te puedes escaquear de la parte del trabajo y basta un poco de autoconfianza para arrogarse la condición de experto en casi cualquier campo. Es cierto que no hay un carné de escritor y que no debe darlo nadie, pero eso no faculta a que cualquiera diga que lo es por pura autoconfianza y sin haber puesto el trabajo. No me voy a hacer el más popular con esto y tampoco es la primera vez que me tiran tomates, pero no me importan una cosa ni la otra. Creo que todo escritor decente ha de tener una brújula interna que le guíe y le diga en qué punto está. Que sea sincero consigo mismo y respetuoso con su arte, para no autoproclamarse de la noche a la mañana, facultado para dar consejos que ni se aplica él mismo. Esa tendencia hoy (no hablo ya sólo de escritura) de que la autoridad en un campo está ahí para quien quiera cogerla con sólo decir en alto «Soy lo que sea», se toma muchas veces como excusa para pasar directamente de la salida a la (falsa) meta. Yo me comí un pomelo y me sentí bien, ahora soy experto en nutrición y te recomiendo esta dieta de todo pomelos… o algo así. No me he preocupado de estudiar ni trabajar nada ni comprobar si el pomelo fue la causa, pero de repente soy coach y nadie tiene el derecho de decirme que no, y menos un viejo gritando a nubes. ¿Qué locura es esa y en qué mundo de autoengaño vive esa gente? No puedo pretender leer tres artículos de Google, sacar autoconfianza (falsa) de un saco y decir que soy médico y que me den el bisturí. Pero para muchas otras cosas parece que sí, y reconozco que no me gusta ver que la escritura cae en eso, porque la aprecio. Si acaso yo digo lo contrario. Hace poco alguien comentó aquí mismo sobre su tendencia a llamar basura a sus textos. Le respondí que yo lo digo constantemente, ellos también me dicen basura a mí, y ambos solemos tener razón. A mí la autoconfianza me parece genial, me parece menos destructiva psicológicamente en muchas ocasiones que la falta de ella y creer que eres un paquete. Pero la verdad es que la autoconfianza no va hacerte escribir bien. Poner que eres escritor en un tu biografía de Twitter no hace mágicas tus frases de repente. Decirlo muy alto, tampoco. No todo vale, y los atajos y números uno en Google, menos.