Aviso de que éste es uno de esos escritos sobre particulares obsesiones, llenos de citas a sesudos científicos que se empeñan en coger los mitos y encadenarlos a máquinas. Con eso, muchos de ellos mueren, pero a cambio obtenemos un conocimiento práctico sobre qué eran y cómo funcionaban. Las autopsias siempre fueron una de las maneras en las que se averigua más. A mí me vale matar musas, como a la gallina de los huevos de oro, si con eso consigo los huevos siempre que quiero. Al fin y al cabo las musas son crueles, que las atrapemos a ellas y a su magia me parece un trato justo tras tanto tiempo jugando ellas con nosotros. Porque de eso hablo aquí, de la musa, la creatividad, los mitos alrededor de ellas y cómo apoderarse de su magia a voluntad. O dicho de otro modo sin poesía, de cómo se puede ser más creativo; palabra de la ciencia. Arthur Clarke dijo que cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia. Hoy día ésa es nuestra arma, la tecnología, con ella nos enfrentamos a los mitos que nos dominaron, con la esperanza de que cambiemos posiciones con ellos. Uno de esos mitos es el de la musa y la creatividad. Sucede que hoy día sabemos mucho acerca de ella y de cómo podemos invocarla a voluntad. Porque para empezar la creatividad no es patrimonio de unos pocos genios, todos la llevamos ahí en lugares bien hondos. Para seguir, hemos comprobado qué condiciones son necesarias para generarla. Uno de los estudios más curiosos al respecto es el que conectó cabezas de raperos a máquinas que registraban la actividad cerebral. Una vez hecho esto, se les pedía improvisar para ver, exactamente, qué hacía el cerebro durante un estado creativo. Y esto hacía (cito a Allen Braun, uno de los realizadores del estudio): ”Pensamos que lo que vemos es una relajación de las funciones ejecutivas para permitir una atención desenfocada más natural y procesos sin censurar empiezan a ocurrir, lo que puede ser el signo principal de la creatividad”. Con lo cual, el primer elemento de la ecuación de la musa es la relajación.

La necesidad de una ducha y del placer

Pero no sólo hace falta relajación, cuando estamos atascados, muchas veces las ideas aparecen en la ducha, ¿por qué? Porque la musa es puñetera por naturaleza y por dos factores que suceden cuando nos damos esa ducha. La dopamina y la distracción. Como bien dice Alice Flaherty, una de las más renombradas neurocientíficas que estudian este campo, la dopamina y la creatividad están muy relacionadas. ”La gente varía en términos de su nivel de creatividad según la actividad de la dopamina en los circuitos del sistema límbico”. Vamos, que cuanta más dopamina, más creatividad. La cuestión es que por eso las duchas suelen ser proclives a las ideas, porque el agua caliente, los olores y las sensaciones activan nuestro circuito de la dopamina, como lo hacen el chocolate o el sexo. En un episodio de Big Bang Theory, Sheldon intenta encontrar soluciones a sus indescifrables ecuaciones y, para ello, trabaja en el restaurante de Penny, alegando que es el trabajo más aburrido y menos exigente, en lo intelectual, que se le ocurre. Con ello, Sheldon ponía en marcha el otro elemento que la ciencia ha demostrado que sirve para encontrar ideas y soluciones, cuando éstas se nos resisten. La distracción. Cuando tenemos una fijación exclusiva con un problema, y nos pasamos horas atravesando con la mirada lo que tenemos delante, nada parece funcionar. Nuestro subconsciente ha trabajado duro en el problema y, al desactivar la parte consciente haciendo algo que no exige esfuerzo intelectual (como fregar los platos) bajamos esa barrera y puede que se empiecen a filtrar soluciones desde ese subconsciente. Un estado mental distraído en lo consciente es imprescindible para la aparición de ideas y soluciones que se resisten, según John Leerer, otro que se ha dedicado a perseguir musas con un cazamariposas gigante (o quizá esto último no).

Los tres elementos del ritual de la musa

La combinación mágica para la creatividad es pues:

  • Un estado mental relajado.
  • Un cierto estado de distracción.
  • Estar llenos de dopamina.

No podemos forzar el brazo de la musa del todo, pero podemos fabricarle ese entorno que le gusta, e intentar atraerla hasta allí. Pero, además de eso, precisamos un componente más. Hemos creado el lugar al que les gusta descender desde donde sea que vuelen, ahora queda atraparlas cuando lleguen. Para eso hace falta un cuaderno. Así que cuando surja, les atizamos con el cuaderno en la cabeza y las arrastramos hacia nuestro sótano, encadenándolas a nuestro servicio para siempre. Como plan B, también sirve usar ese cuaderno para anotar las ideas. La naturaleza de las ideas es muy frágil y caprichosa, se desvanecen igual de fácil que llegan. De hecho, siempre he pensado que muchas ideas son igual que los sueños, que en cuanto te despiertas se empiezan a desvanecer como no los atrapes. Si recuerdas el estudio de los raperos, resulta que el escáner cerebral que mostraban era muy similar a la actividad cerebral durante el sueño. Así que sí, la ciencia corroboró que yo desde pequeño ya tenía razón en muchas cosas y en eso también: las ideas y los sueños están hechos de lo mismo.