Para desmayo de los que somos ansiosos, la escritura es, efectivamente, una maratón y no un sprint.

Si algo has de hacer con ella, seguramente será tras bastante tiempo. Que es cierto que todos tenemos suerte alguna vez y esta puede venir pronto en el camino, pero suele tomárselo con tranquilidad y, en la abrumadora mayoría de las ocasiones, nuestra suerte esporádica será en otra cosa, pero no en la escritura.

Así que lo más probable es que todo el esfuerzo sea para nada o para muy poco, pero ese no es el tema hoy y ni siquiera lo anterior es importante.

Como la escritura (y muchas otras cosas valiosas en la vida) es una carrera de fondo sin meta, la resistencia es probablemente la cualidad fundamental a cultivar por un autor.

En realidad, yo diría que es la mezcla entre obsesión malsana, resistencia y disposición a formar parte del juego con las reglas que tiene y no las que nos gustarían. Pero de la obsesión ya hablé y soy viejo como para recordar las reglas o que me importen ya. Así que hablemos de la resistencia necesaria, porque suele haber un importante malentendido.

En la escritura, al menos en mi experiencia, la resistencia no viene de una capacidad heroica para apretar los dientes, seguir en ello y tragar quina a pesar de los fracasos. Eso es erróneo e insostenible. Esa no es manera de vivir ni de escribir.

La verdadera resistencia viene del amor.

Del hecho de que no quieres hacer otra cosa y por eso persistes escribiendo, porque no deseas más al resto de opciones. Y no importan los días malos, siempre los hay, igual que siempre hay pasiones a las que mirar de reojo y con las que flirtear. El arte y la vida son promiscuos porque si no, ¿qué gracia tiene? Del mismo modo, siempre hay épocas de arriba y abajo, e incluso alejarte un poco de la escritura para recordar todo ese cariño que le tienes, todo eso que amamos pero se nos olvida, porque la vida son mil cosas y hay épocas de todo y somos humanos.

El problema es que, como humanos, amamos la solución concreta y las balas mágicas.

Y te dicen que la clave es la resistencia y se venden por miles libros como Grit de Angela Duckworth (no me pareció gran cosa) y somos el tonto y la linde. Cogemos esa promesa de que resistir es lo que hace falta y seguimos por ella incluso cuando se acaba, y la llevamos al extremo y pierde el sentido. La resistencia por pura fuerza de voluntad sólo lleva a acabar quemado.

Porque la cuestión no es caminar para llegar a algo, sino que la escritura es el sendero que queremos recorrer, es el paisaje que queremos admirar y sí, había otros y más sencillos, pero este es el nuestro. Lo escogemos porque es ahí por donde queremos pasear, no porque nos vaya a llevar a un lado o a otro.

Y sí, en esto y en todo, hay días de apretar los dientes y ya está, ¿qué vas a hacer? Pero no creo que haya vidas de apretar los dientes, al menos no innecesariamente y por una promesa falsa de éxito o adoración.

A pesar de lo que se suele decir, los mejores abandonan constantemente. No pasa nada por eso si llega el caso, nuestro camino tampoco es mejor que el resto, a pesar de solemos repetir eso para justificar nuestra apuesta loca.