La última carta de Tom Wolfe

09-02-2022

Hacía ya tiempo que este no era un hogar para las cartas que merecen la pena leerse. Es hora de arreglar eso.

En julio de 1938, el novelista Tom Wolfe enfermó de neumonía y fue diagnosticado con una tuberculosis cerebral de la que nunca se recuperaría.

El 15 de septiembre, con sólo 37 años, moriría.

Un mes antes, mientras se encontraba en el hospital, Wolfe escribió a su antiguo editor Maxwell Perkins, un viejo amigo con el que se había peleado en 1936, pero al que seguía queriendo mucho.

La carta decía así.

Hospital de la Providencia

Seattle, Washington

12 de agosto de 1938

Querido Max:

Estoy haciendo esto a escondidas, contraviniendo las órdenes del médico, pero «tengo una corazonada» y quería escribirte estas palabras.

He hecho un largo viaje y he estado en un país extraño, y he visto al hombre oscuro muy de cerca; y no creo que le haya temido demasiado, pero hay tanto de la mortalidad que todavía se aferra a mí… Quería vivir desesperadamente y todavía lo hago, y pensé en todos ustedes mil veces, y quería verlos a todos de nuevo, y ahí está la angustia y el arrepentimiento imposibles de todo el trabajo que no he hecho, de todo el trabajo que tengo que hacer. Y ahora sé que sólo soy una mota de polvo y siento como si se hubiera abierto una gran ventana a la vida que antes desconocía. Si salgo de esta, espero por Dios ser un hombre mejor y de alguna extraña manera, que no puedo explicar, sé que me he vuelto más profundo y más sabio. Si me pongo en pie y salgo de aquí, pasarán meses antes de que vuelva.

Pero si me pongo en pie, volveré.

Pase lo que pase, he tenido esta «corazonada» y quería escribirte y decirte que, pase lo que pase o haya pasado, siempre pensaré en ti y sentiré por ti lo mismo que aquel día del 4 de julio de hace tres años. Cuando te reuniste conmigo en el barco y salimos al café del río y tomamos una copa y después subimos a lo alto del edificio. Y toda la extrañeza y la gloria y el poder de la vida y de la ciudad se encontraban abajo.

Siempre tuyo,

Tom

Una carta a un amigo, nada más sencillo ni más poderoso.

Maxwell Perkins sintió muchísimo su muerte y quedó muy afectado. No podían ser más diferentes, Perkins un hombre conservador de familia, Wolfe un pendenciero que pensaba, como todo escritor insoportable, que el mundo giraba a su alrededor.

Perkins era más que un editor, era consejero, psicólogo y prestamista para Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, Thomas Wolfe e infinidad de escritores más. A pesar de las diferencias y las peleas, Wolfe siempre reconoció que no habría llegado a nada sin Perkins.

Por eso, le dedicó su novela Del tiempo y el río:

«Este libro está dedicado a Maxwell Evarts Perkins. Un hombre valiente y honesto, que se mantuvo junto al escritor de este libro en tiempos de amarga desesperanza. Espero que este libro sea digno de él».