El problema no es la hoja en blanco ni los bloqueos, la musa ni la inspiración, no es el mercado literario, ni sus bots ni sus influencers.

El problema son las expectativas. La primera causa de muerte, aunque sea de una pequeña muerte habitual que nada tiene que ver con la petite mort. Te subes a las expectativas sin poder evitarlo y te caes desde ellas y mueres un poco otra vez.

El problema no es que no sepas sobre qué escribir, sino la expectativa de que tenga que ser «bueno», en un juicio constante que impide que algo te salga de modo natural. No hay quien se concentre con esa presión a no fallar ni decepcionar, no hay manera de que acuda nada bueno en ese ambiente, yo no lo haría y la inspiración tampoco.

El problema no es el talento, que ni siquiera existe, el problema es que un día alguien te dijo que lo tenías, que: «Este niño tiene mucho potencial». No le hagáis eso a nadie.

El problema es que las expectativas pesan y así no hay quien nade en un mar que ya está bastante revuelto.

El problema no es tener algo bueno que contar, es la expectativa de hacerlo y que los demás lo amen y ojalá gracias a eso también te amen un poquito a ti.

El problema no es el mundo editorial, porque la escritura es arte, pero la edición es industria, siempre lo ha sido y siempre lo será. Así que opera como un negocio y no lo niega, pero creamos la expectativa contraria. O al menos la de que en nuestro caso se reconocerá al genio entre los párrafos y seremos el mirlo blanco de la calidad y las ventas.

El problema no es tal o cual premio o tal o cual bot, el problema es que el bot no somos nosotros y pensábamos que un día lo seríamos.

El problema no es que vayamos a fracasar en la escritura, prácticamente todo el mundo lo hace y es lo normal. El problema es la expectativa de que íbamos a ser el que vencería donde el resto fracasó, no importa lo que dijeran los números, porque teníamos a las letras de nuestro lado.

El problema es que no me gustan las alturas, pero no puedo evitar subirme a las expectativas y asomarme un poco. Y caminar por el borde porque es el único sitio divertido, así que terminas cayéndote. Duelen, claro, las expectativas con la escritura y con todo siempre lo hacen y son la condena de Sísifo, así que vuelves a subir hasta la cima de nuevo, por mucho que te prometas que no.

El problema nunca fue la escritura y lo que la rodea, ella no engaña a nadie, excepto a los muy nuevos o muy niños. Son las expectativas que creas y que, cuando quieres a algo, es imposible no pintarlas encima.