Aún me fascina cuando alguien contacta conmigo por si puedo ayudarle a escribir mejor. No soy ejemplo de escritura y, mucho menos, de publicación, que es de lo que realmente hablan muchos mensajes, aunque no lo digan.

Pero he aprendido una cosa estos años, la mayoría de esas personas, igual que yo, no necesitan más cosas, sino menos.

Tenemos la tendencia a solucionar nuestros problemas con más: otra cosa que comprar, otro secreto que nos venden, otra técnica, otro truco que, esta vez sí, va a llevar nuestra escritura al siguiente nivel.

Somos acumuladores por naturaleza.

Pero si cargas una mochila llena de piedras en la espalda, es complicado que vayas a correr más poniendo otra cosa en ella.

Y que, cuando se trata de escritura, cualquiera puede enrollarse, pero los maestros ponen las palabras justas y ni una más.

Por eso, en muchas ocasiones, uno puede mejorar en la escritura «haciendo menos», en lugar de «haciendo más».

Personalmente, lo que mejor me ha funcionado (y sé que esta experiencia no es trasladable a todos, pero sí es posible que a unos cuantos) es analizar honestamente mis principales defectos y quitarlos.

La escritura se aligerará y llegará más lejos.

Entre muchas otras cosas, confieso que padezco de:

  • Irme por los cerros de Úbeda desviándome demasiado del argumento principal.
  • Repetir ideas, quizá porque no confío en que mi escritura sea suficiente para transmitir lo que quiero a la primera.
  • Escribir de manera aturullada, porque mi cabeza no se calla y me cuesta que el teclado vaya a la velocidad del pensamiento, así que vuelco lo que quiero decir… y no se entiende nada, lo que precisa demasiados repasos.
  • Hablar de cosas que sólo me interesan a mí, pero eso me parece bien.

La cuestión es que, antes de conocer más técnicas o trucos, mejor quitar defectos. No sé si es más sencillo, pero sí más efectivo.

En mi caso personal, hacer menos es un asunto doble. Por un lado, trato de quitar esas piedras, por otro, significa podar y podar en los repasos, habilidad fundamental.

Pero claro, somos malos descubriendo erratas en nuestra escritura y también defectos propios.

¿Cómo lo hacemos entonces?

Una solución es que otros lean lo que escribimos. Preferentemente, editores, correctores y agentes, que al fin y al cabo son los que determinarán que se publique. Pero claro, complicado porque la mayoría no acepta manuscritos, la mayoría de los que acepta no responde y la mayoría de la minoría que responde lo hace con una carta tipo, que dice que no encajamos en su línea, pero significa que no ve dinero entre las líneas.

Otra solución son lectores cero y similares, pero ya me he extendido en el pasado acerca de las razones por las que creo que no son la mejor de las ideas.

¿Entonces?

Francamente, creo que, al igual que muchas otras cosas, los defectos se curan leyendo.

Si leemos a los buenos durante suficiente tiempo, nos daremos cuenta de eso que tienen ellos y nos falta a nosotros o, mejor dicho, de lo que nos sobra en la mayoría de casos.

Lenguaje florido para sentirnos superiores, pero que sólo nos convierte en pedantes, argumentos innovadores que ya se han escrito muchas veces, personajes de cartón, copia del cliché de mil refritos y series, en vez de personas de carne y hueso con las que conectar y en las que reflejarnos, porque personas son lo que escriben los mejores.

Leer mucho, y no me refiero a leer analizando (tampoco creo que sirva) nos proporciona el bagaje, el conocimiento, la capacidad de distinguir lo bueno y detectar las piedras que quitar para hacer sitio a cosas mejores.

Con suficiente bagaje lector identificas los tropos a la legua, reconoces las estructuras enseguida, captas los diálogos perfectos y los que nadie diría en realidad.

Y con suerte, también los reconocerás cuando escribas tú, al menos un poco.

Es por ese trabajo invisible de la lectura, que nos da forma sin que nos demos cuenta y nos mejora en más sentidos que en uno, que podremos ser conscientes de las diferencias entre lo nuestro y lo que nos causa ese pequeño gozo del buen libro que estás deseando coger en cuanto tienes un rato.

Es complicado lo de los defectos, lo de quitarnos y dejar ir, vivir con menos. Todos los escritores piensan secretamente que son mejores que el resto, pero de veras que lo que necesitamos la mayoría de las veces es menos y no más.