Hace ya mucho tiempo que realicé mi elogio de la rutina, así que no voy a volver a incidir. Quien no entienda todavía su verdadero significado y su papel en la escritura, no lo va a hacer porque lo explique una vez más. Hace poco, un usuario de Internet (me resulta imposible enlazar el comentario) se dedicó a recoger esa parte de rutina cuando se nombraba en distintas entrevistas a escritores de talla. Su principal fuente de información fue la veterana The Paris Review, por cuyas páginas han desfilado los mejores de los viejos tiempos y los nuevos. Tras recoger los datos, buscó patrones. Estos son los denominadores comunes que encontró:

  • La mayoría de escritores tienen su momento más productivo por la mañana, justo después de despertarse. El café o el desayuno son opcionales.
  • El tiempo dedicado a la escribir abarcaba entre 4 y 6 horas continuas y se acabó el día de trabajo, al menos en cuanto a proceso productivo se refiere.
  • Sin distracciones a la hora de escribir. No es raro encontrar autores que, incluso hoy, lo sigan haciendo a mano, con máquina de escribir o usando cualquier recurso para aislarse de todo lo que no sea su historia.
  • La misma hora de comienzo y final cada día.
  • Muchos escritores gustan de ir a dar un paseo o hacer una siesta después de finalizar su trabajo principal. Añado yo que muchos otros usaban y usan estos recursos también cuando se encuentran atorados sin saber por dónde seguir.

Sin duda, estos datos son interesantes. Matizar en ellos que, en la vida de un escritor que no vive de eso o se ocupa a jornada completa por lo que sea, 4 o 6 horas seguidas es complicado, pero la esencia es clara: son necesarios períodos mínimamente largos de trabajo y concentración continuada para poder llegar hasta el fondo y sacar lo bueno enterrado ahí. Ponerse a rachas de quince o veinte minutos hará que nademos siempre por la supercicie a medio gas. Por las páginas de The Paris Review han pasado Hemingway o Jumpa Lahiri, por decir sólo dos de la increíble cantidad de escritores legendarios que han sido entrevistados allí desde hace ya muchísimos años. Curiosamente, los 5 puntos anteriores coinciden a la perfección con todo lo que se ha estudiado sobre productividad y creatividad en los últimos años. La mayoría de los juntaletras descubrieron todo eso a la manera artesanal, por ensayo y error. Aunque no soy muy partidario de leer analizando, ni de intentar copiar o descifrar lo que un autor pretende en sus páginas, sí creo que se puede imitar la ética de trabajo y no tener que pasar por ese ensayo y error hasta ver qué funciona. Básicamente, si uno hace esas 5 cosas, caminará pisando las huellas de los buenos a la hora de dedicarse a su arte. Me parece el mejor sendero posible.