A veces a las palabras no se las lleva el viento, perduran sobre el papel y llegan lejos y, sobre todo, espero que lleguen hondo.

Estas son algunas de esas palabras.

Todas ellas

Este libro de relatos iba a ser publicado con una editorial tradicional. La realidad es que muchos contratos de edición son increíbles para mal, pero este se salía de las tablas.

Decidí que finalmente no firmaría, pero ya tenía el manuscrito, así que vio la luz igualmente.

Tres reinas crueles

«El relámpago, la lluvia y lo que aprendió». Así empieza esta novela, con un extraño en la tormenta, un poco como aquella canción de los Doors

Hay muchas cosas que recuerdas de un libro y yo, de este, recuerdo sobre todo al corrector de la editorial. Un tipo genial al que me encantaba odiar.

Me devolvía también los emails corregidos y quiero pensar que esa clase de odio es mutuo. Todavia intercambiamos pullas de vez en cuando.

Perdimos la luz de los viejos días

Estaba empapado en sudor cuando llegó la llamada y no podía manejar bien el móvil con los viejos guantes de MMA:

«Me ha gustado mucho la novela. No te has llevado el premio, pero voy a dar un accésit porque quiero publicarla».

Y yo fui tan idiota que, cuando recuperé el aliento a medias, dije: «¿Seguro?».

Lo estaba y cuando lo miro le tengo un cariño especial.

Escribir bien y Escribir mejor

Hemingway decía que hablar sobre la escritura traía mala suerte, y procedió a hablar de ella largo y tendido en montones de entrevistas, cartas y artículos.

Esta es mi dosis de mala suerte, mi filosofía personal sobre la escritura.

Me sigue sorprendiendo el éxito (modesto, no me las voy a dar de nada) que siguen teniendo estos dos pequeños volúmenes

Otras antologías, relatos y publicaciones

Desde que a principios de 2007 aparecieran mis primeros relatos publicados en papel, han sido muchas colaboraciones y antologías para que quepan aquí, pero recuerdo con cariño Generación Subway de la extinta editorial Playa de Ákaba.

Allí se publicó uno de los relatos a los que más cariño tengo: Julia, a la que solo conocí una noche.

Pero lo que más me impresionó fue otro relato de una chica que iba en metro, escrito magistralmente por otra chica, la cual era apenas una adolescente… Toda una lección de humildad.