En un día como hoy, lleno de propósitos con la esperanza de vida corta, la tumba de Charles Bukowski sigue diciendo lo mismo: Don’t try, no lo intentes.

En eso se resume la filosofía primordial de Hank, unas palabras sencillas, demoledoras y muy mal entendidas.

Uno podría pensar que Bukowski se contradice cuando lees su historia personal, en la que dedicaba cada mañana sin premio, antes de ir a trabajar, a la escritura. Después pasó diez años sin hacerlo y estuvo a punto de desangrarse hasta morir. Como ocurre en los roces con la muerte, se dio cuenta de que mejor desangrarse de la manera correcta, así que dejó su trabajo y se dedicó solamente a escribir.

No está mal para quien te dice que no lo intentes, incluso después de muerto.

Bukowski no era un hipócrita y conviene abrir un poco el encuadre de la imagen para comprender mejor esa frase.

En una carta de 1990 a su amigo y poeta William Packard, podemos leer:

Trabajamos demasiado duro, lo intentamos demasiado. No lo intentes, no trabajes. Está ahi. Mirándonos fijamente, deseando salir a patadas del útero cerrado.

En su comprensión del arte, Bukowski reiteraba la creencia de que las palabras y las ideas de un escritor deberían salir de manera natural. Esto tampoco tiene nada que ver con que fluyan como un torrente sin obstáculo, pero ese es tema para otro día. Cuando esa necesidad de escribir no empuja desde dentro hasta doler suele ser, como también dijo Bukowski más de una vez, porque se escribe por las razones equivocadas, por un supuesto dinero, una cierta aprobación o una imposible fama. Como mucho, están movidos por un deseo vago que morirá en la primera curva y, cuando es así, no sienten que la necesidad de escritura esté dentro, deseando salir como sea como un fuego que lo consumirá todo.

Esa es la necesidad básica del escritor que no intenta nada, no trata de meter el pie en el agua y ver qué tal se le da, o ver si probando consigue algo de todas esas cosas ajenas al arte.

El escritor no elige nada ni intenta nada, simplemente no puede evitarlo, tiene que escribir y no hay elección.

Y si vas a intentarlo, hazlo hasta el final.

El cartero, Charles Bukowski