Otro día más de escritura. Hunter S, Thompson dijo que la escritura era la otra cara del sexo, sólo bueno cuando había terminado. Supongo que eso encaja con otras frases de muchos otros escritores, la más famosa y que a menudo cito, esa de odiar escribir y amar haber escrito (Dorothy Parker merece el mérito, no yo). Hoy, como cada día, he escrito algo que no se leerá y supongo que de un tiempo a esta parte ya no creo mucho en las musas y, existan o no, me dan igual. Ya no dependo de ellas, supongo que forma parte de crecer o de volverse un cínico, que no creo que haya una cosa sin la otra. La cuestión es que empecé llamando a esta web Hoja en blanco y que, como en el caso de las musas, cada vez creo menos en ella. Si la hoja está en blanco, la llenas con lo que sea. ¿No hay inspiración? No sé qué tiene que ver eso con escribir, hacerlo bien no tiene nada que ver con arrebatos de inspiración o coger y dejarlo según convenga. Unos días te levantas sabiendo exactamente lo que quieres contar, las ideas bullendo en la cabeza, cambiando mientras escribes, un caos creativo que apenas da tiempo a plasmar porque la mente corre más que los dedos sobre las teclas. Otras veces cuesta arrancarlas, no salen de mil en mil, sino de diez en diez, son cosas que seguramente querrás quemar al terminar, pero eso da igual, tienen una función tan importante como la mejor prosa que uno vaya a componer. Tienen la función de haberte llevado un poco más lejos en esto de la escritura, porque a veces el camino es bonito y agradable, a veces es un asco cuesta arriba y lleno de piedras. En esos trechos del camino, que uno tiene que atravesar inevitablemente, son un puñado de palabras malas las que van a cargar contigo y te llevan un poco más lejos en eso de escribir. Es una labor ingrata, pero necesaria, así que supongo que habrá que dar las gracias a todas esas palabras malas. Parece que no, pero un montón de renglones mediocres es posible que te hagan mejor, porque lo que es seguro es que ir acumulando días en blanco te va a hacer peor. Si la musa no está, bien, porque escribir se hace solo. Se hace de todas maneras y vuelcas lo que sea. A veces incluso, cuando llevas unos cuantos párrafos costosos, los dedos se calientan poco a poco y coges velocidad y generas una idea, como se genera un chispa de estrellar dos piedras, una y otra vez, pareciendo que no vas a conseguir nada. Otras veces no consigues algo decente y está bien, otras veces quieres borrar eso o enterrarlo como buen animal que quiere enterrar sus mierdas para que no le encuentren los depredadores, para que no nos encuentre ningún lector y piense de nosotros que no tenemos ni idea de escribir bien. En todo edificio bonito hay cimientos feos pero duros, como todo campo de flores se sustenta sobre un montón de abono. La hoja en blanco no existe, vaya nombre le puse a esto. Si la hoja está en blanco, hay días en los que la única misión es llenarla para seguir avanzando, aunque lo odiemos a cada paso. Porque cuando terminemos, lo habremos amado. O al menos sentiremos un alivio, que es una clase de felicidad tan buena como las otras y que valoramos demasiado poco.


P.D. Estaba pensando en hacer algo con algunos de estos artículos (este no), juntarlos en un libro con cierta coherencia falsa y un buen puñado de material inédito, tendré por ahí al menos algo así como quince textos, por si acaso algún sueño de escritor quedara vivo por ahí y hubiera que ir a purificarlo con más fuego y palabras nuevas. Ya veremos. De ser así, lo comentaré por aquí.