Yo sólo quería un sitio en el que escribir, otro folio y nada más. Por aquel entonces, Wordpress tenía menos de 1 año de vida y casi nadie tenía web propia. Pero de veras que quería otro folio y no complicarme. Sentarme y escribir. Creo que tampoco es un sueño tan disparatado.

Pero nunca es sencillo, ni escribir ni nada mínimamente importante.

Tras más de 16 años e innumerables capas de pintura, era necesario tirar de nuevo esta casa antes de que se derrumbara sola y levantarla de otra manera. El deseo es el mismo que el del primer día, poder escribir y leer más a gusto, sin distracciones. Mi visión de lo más parecido a un libro, lo más parecido a una hoja en blanco.

Aquí está para bien o para mal.

Y también he querido librarme, no lo niego, de problemas de alojamiento, bases de datos o hackeos, que de todo ha habido en este tiempo.

Sin embargo, el mito de la vida sencilla que siempre me ha capturado no es cierto.

Sobre todo, porque hoy es un infierno incómodo y complejo hacer una web con una mínima funcionalidad si quieres respetar la privacidad de quien viene a verte.

Si quieres saber las visitas y pones Google Analytics, prepárate para poner también el famoso aviso de las cookies que todos estamos hartos de cerrar. Y prepárate para que Analytics lo sepa casi todo de quien llega a tu puerta, quiera o no.

Así que fuera, no tengo interés en espiar a nadie o colaborar en eso. Al fin y al cabo, la mayoría de métricas son pura vanidad y ni las miro.

Lo mismo pasa si quieres comentarios. Prepárate para cumplir el GDPR, meter más cookies en los ordenadores de los demás, ser responsable de datos sin saber cómo o por qué, implantar un sistema que, de nuevo, es un infierno de privacidad para el usuario…

Así que pensé que fuera también los comentarios, pero reculé en el último instante.

Iba a usar el servicio de Disqus para ponerlos (muy extendido, por lo que veo), pero es increíble lo que hacen las empresas de Internet cuando te paras a leer la letra pequeña.

Al final me he decidido por otra opción que, si uno quiere, es privada, no necesita registro y se puede comentar sin dejar datos a nadie. Veremos si dura.

Así que, tras un parto mucho más costoso de lo que esperaba, la nueva web ha surgido hecha de lo que estaban las primeras, simples páginas estáticas en lenguaje html y poco más.

Esta es la nueva casa y adiós a que la base de datos de Wordpress crezca sin control tras 16 años y apenas pueda moverse por gigas de basura difícil de arrancar. Adiós a scripts y plugins que hay que actualizar, porque si no, algún aprendiz de hacker que en realidad no tiene ni idea vendrá a tratar de borrarte el trabajo de una vida ya que todo en la suya es pequeño, como me ha pasado un par de veces en este tiempo.

A cambio de eso, he querido que se lea todo lo mejor que se pueda sin ninguna distracción. E incluso de noche, porque si pulsas en el icono circular que hay arriba a la derecha del menú de opciones, se activa y desactiva un modo oscuro en la web.

También soy un obseso de la tipografía, el espacio en blanco o la maquetación. Me he pasado más tiempo del que debería eligiendo fuentes y ajustando esos milímetros mientras ignoro lo importante en la vida y que sigue reclamando mi atención.

El fuego crece, pero todo va bien, KC Green tiene razón.

También he fracasado en exportar con éxito todo el contenido de la antigua web. Que está y está ordenado, pero es posible que no pocos artículos aparezcan como un gran ladrillo de texto sin la separación de párrafos. Y otros no, no sé por qué, la aplicación de importación que usé al parecer tampoco lo sabe, así que se encoge de hombros igual que yo.

Los iré arreglando poco a poco. Debe haber más de 500 historias, orbitando el medio millón de palabras que poner en su sitio.

Y no mucho más.

Quiero pensar que esta es una web más sencilla y con lo mínimo que importa, un rincón privado en más de un sentido, nacida con lo mejor de antes y de ahora.

Una hoja en blanco que llenar, otro folio, lo que siempre quise al fin y al cabo.