En el episodio anterior de este viaje a ninguna parte hablaba de cómo publicar tu libro cuando publicar es casi imposible. Allí comentaba que el camino más probable es que, si tienes una audiencia con varios ceros, porque eres tuitstar o influencer (o el término mongol que toque hoy), las editoriales van a estar encantadas de abrirte la puerta y que tú les abras esos seguidores. Es más difícil vender un libro que imprimirlo, y es mejor quedarse un mayor porcentaje de las ventas que uno menor, así que si eres un Rubius o presentas algún programa epiléptico del corazón, la editorial está encantada de decirte: «Por favor, el autógrafo en la línea de puntos». He aquí que, en referencia a ello, Gabriella Campbell, a la que deberíais leer religiosamente si es que queréis llegar a algún lado mejor que la cueva en la que habito yo, comentó en ese artículo:

Ay, es la pescadilla que se muerde la cola. Porque si tienes 20000 seguidores, ¿para qué publicar con una editorial? Esto es lo que me sigue sorprendiendo: ese falso prestigio asociado a publicar con una casa grande. Y sigo viendo grandes editoriales que compran a autores que hacían buenas ventas en autoedición para luego condenarlos al ninguneo. Y sigo viendo a autores con seguimiento fiel y buenas ventas que siguen soñando con la llamada de la supereditorial. Y muchos otros casos sin sentido, con editoriales de todos los tamaños. A lo mejor si la gente viera las cantidades y porcentajes reales de ventas de muchas editoriales, no se quejaría tanto de esos 100 libros que han vendido mediante autoedición.

Cierto, la gente que no ha trabajado con editoriales no es consciente de eso y muchos tienen un duro despertar (económico sobre todo) cuando se dan cuenta de cómo funcionan las interioridades del libro, de la distribución, de la vida comercial, de presentaciones y escaparates. Y sí, muchas fichan a los que tienen éxito por sí mismos, para ver si les suena la flauta a ellos sin que tengan que hacer ningún esfuerzo, lo que es irracional y es entregarles en bandeja todo a cambio de nada. Pero ese no es el tema, el tema es que estoy 100% de acuerdo con lo que dice Gabriella, pero también que esa no es la cuestión. La cuestión es que, efectivamente, desde un punto de vista meramente económico la opción de la autopublicación tiene más sentido que la editorial en un buen porcentaje de casos. Es así, te vas a sacar más, te van a pagar más religiosamente y pronto. Amazon tendrá mil defectos o provocará la caída de la literatura o yo qué sé, pero, en tema estrictamente monetario, es mejor que la mejor editorial: en porcentajes, en puntualidad de pago, etcétera. Sin embargo, aunque eso sea así, se busca y se ansía la editorial porque precisamente no estamos aquí por motivos económicos, ni como producto de análisis fríos de coste y beneficio o de si nos ningunearán o no. Que sí, está claro que todos soñamos con los cheques de la Rowling y la James, pero la realidad es que lo miramos un poco como a las ensoñaciones cuando aparece el anuncio de la lotería de Navidad. Lo que queremos es precisamente ese falso prestigio del que habla Gabriella, y sí, nos da igual que desde muchos puntos de vista sea falso, porque desde la percepción externa, que es la que cuenta en el mundo, es lo que ansiamos. Ansiamos también que nos lean y nos digan que qué bien escribimos, que cómo tocamos ahí donde los demás no me tocaron. La principal moneda en la literatura no es el euro, es intangible. Además del falso prestigio de cara a todo el mundo, que una editorial te publique, no lo neguemos, es ese «qué bien escribes» que ha sido dicho además por alguien que se dedica a eso, por alguien que lee miles de cosas y decide que eres tú, no esos otros miles a los que ha rechazado, los que van a quedar para la posteridad en una página. Nos han validado, nos han concedido un pequeño Olimpo que en realidad no importa, pero que para un escritor vale lo que todos esos eurillos de Amazon no comprarán. Y si la editorial es grande, mucho mejor, aunque no vendas un chavo. Porque de entre todo ese plantel de guapos en el club selecto editorial, ha sido uno de los más guapos el que te dijo «ven». Y ahora todos los demás te vieron con él al menos una vez y eso nunca te lo van a quitar, aunque no vendieras ni un ejemplar. «Sí, he publicado con Alfaguara», le dices a quien está en la barra del bar contigo al sacar el tema (como el que no quiere la cosa). Compara con decir que te autoeditaste en Amazon. La vida, niños, no deja nunca de ser el instituto, no nos engañemos. Ni en esto ni en el resto. Hay cosas mucho más importantes que el dinero (no digo que sean buenas, ese hubris y ese presumir sin que lo parezca, tan de escritor, no es mejor) y, es obvio, los escritores no toman sus decisiones tras un análisis coste-beneficio. Son (somos) los seres más irracionales que existen, con egos como montañas, persiguiendo una especie de prestigio extraño e incorpóreo, una inmortalidad bien falsa. Y el camino hasta ese sueño, falso o no, pasa por publicar con editorial. Ya pueden venir los comentarios en contra, que aquí estoy afilando la hoja mientras silbo. Escribir es un asunto emocional y sobre todo irracional. Las decisiones no se toman por lógica, así que por eso se acude a la llamada de una editorial, seguidores por medio o no, con la posibilidad de que no nos vayan a brindar apoyo o no. Nuestro autoengaño es infinito. Y sí, afrontémoslo, hay un prestigio en publicar y es hasta comprensible, porque el mito de escritor que a la mayoría nos infectó con esta enfermedad es ese que firma en El Corte Inglés, ese en cada escaparate, algo que sólo te va a dar una editorial con su poder de marketing y distribución. Que la mayoría de editoriales no lo va a poner a disposición en tu caso, pero ya puestos a soñar, escribir es una torre de sueños, y de naipes. No nos engañemos, es así. Murakami no monta filas de firmas que dan la vuelta a la esquina autopublicando. Ninguno lo ha hecho con su libro hasta que dio el salto editorial. Y sí, hay autopublicados que ganan mucho y están por lo mercenario en gran parte, olé por ellos si es lo que quieren, pero no es el mito que ansiamos cuando empezamos en esto. Al final del día estamos de nuevo comprando un sueño, uno que, lo admitamos o no, nos afectó como una pedrada hace mucho y nos dejó el raciocinio un poco más para allá que para acá. Y en ese sueño está publicar con una editorial grande, recoger el Nobel de música o lo que den ahora. La racionalidad no vive aquí, esto es escribir, no cabe ni está, lo mire uno como lo mire. Pero bueno, cada uno se cuenta las cosas (mentiras más o menos piadosas) que puede para seguir adelante. Así que no, no es comprensible en un sentido económico eso de publicar con editorial cuando ya tienes una audiencia, pero es que tampoco importa.


P.D. ¿Recuerdan a la chica de ese episodio anterior? No iba a publicar con editorial según aquella conversación, no tenía sentido y se iban a aprovechar de su audiencia. Todo cierto. De aquello hace ya bastantes meses, hace mucho menos tiempo ha firmado un contrato editorial para que su libro salga en papel, esté en las estanterías, pueda tocarlo y olerlo. Y es normal, da igual lo que nos digamos o le digamos a los demás o la cuenta a fin de mes. Esa sensación es nuestra moneda.