Hace un tiempo comenté la idea de recopilar una serie de artículos en forma de libro digital, siempre retocados, corregidos y aumentados, junto con otro numeroso material inédito que trata el arte de la escritura, su proceso y lo que le rodea. Y claro, todo ello con una cierta lógica, pues me parece perezoso pegar de aquí y de allá sin ton ni son. Todas las ideas, geniales o nefastas, pasan por esa fase de «para qué se me ocurriría», pero lo cierto es que, aunque ahora está ahí, el proyecto sigue adelante, con el título de «Escribir bien» y unos cuarenta y tres capítulos en total (de momento, aunque creo que así se quedará). Así que hoy, tres extractos de tres de esos capítulos inéditos. Uno sobre «Cómo escribir bien en fáciles pasos», que ya que todo el mundo se pone a ello, no voy a ser yo menos. Aparte de eso, una pincelada sobre las reglas del arte, porque todo el que se precie las tiene y, por último, otra sobre la necesidad de apasionar, porque si no vas a intentarlo cuando escribes, ¿para qué molestarse en hacerlo? Pues eso, tres pedazos sueltos de pastel, esa es la comida de hoy.

Cómo escribir bien en 5 sencillos pasos (no, no es lo que imaginas)

En el fondo, si estás leyendo este libro, es porque quieres escribir bien aunque lo hayas cogido por curiosidad o lo que sea. Enhorabuena, escribir bien es un camino que no se acaba y, efectivamente, con sólo cinco cosas o menos puedes lograr avanzar algo en el camino de baldosas rojas. El primer paso para escribir bien es este: Ten un carné de biblioteca, y de paso no te fíes de los escritores que no tienen uno. Yo he tardado demasiado en tenerlo y he sufrido las consecuencias, porque para paliar eso no paraba de comprar libros (aún lo hago, imposible el desenganche). Sin embargo, la pobreza del escritor me alcanzó, siempre lo hace. El que no tiene un carné de biblioteca, o no lee mucho o no es pobre, lo cual cuando hablas de escritores es algo sospechoso, porque la escritura no da dinero el 99% de las veces. Ten un carné de biblioteca significa en realidad que leas cada día. Y cuando digo leer, me refiero a ficción. No sirve este libro ni sobre todo los libros que te prometen ser un best-seller o el próximo genio de la palabra. Este no lo hace (tanto no voy a mentir, aunque algo sí). Y que sepas que todos los que sí te prometen eso son malos escritores, no porque sea mentira lo que dicen, que lo es, sino porque no es una mentira creíble y ese es el peor pecado.

Las reglas del arte

Somos muy malos caminando la fina línea en la que viven las cosas importantes. Siempre nos vamos hacia un lado o hacia otro, y no por poco. Siempre he sido un gran proponente de ser capaces de albergar ideas contrarias o ideas que conectan por un lado y se pelean por el otro, pero supongo que ese es otro de esos motivos poco atractivos por los que, más veces de las que no, estoy a solas en mi particular trinchera de la escritura. Las causas que tienen un único filo y un solo matiz son un asco y para simples. Así que aquí lo digo bien claro para que no haya lugar a malinterpretar: No vale todo en la escritura y para romper las reglas primero hay que dominarlas. Porque yo nunca he dicho que todo vale y que no puedes aprender nada, de lo que estoy en contra es de consejos maniqueos para crear argumentos «adictivos», personajes «que enamoran» y tonterías por el estilo. Así que hay que aprender a caminar antes que a correr y la verdad es que eso empieza por la ortografía, la gramática, etc. Alguno me puede venir con que grandes escritores tenían erratas, que si Márquez y tal. Que si esas labores son del corrector y no del escritor, cuya creatividad no debe ser encerrada o limitada por nimiedades como el sujeto y el predicado. Excusas porque eres un perezoso que no se toma en serio el arte de la escritura, que quiere esquivar las partes menos atractivas y así nunca vas a poder escribir bien. Si no te molestas en hacer bien lo pequeño y lo básico, vas a ser incapaz de hacer bien lo grande. Si no te molestas por aprender lo fundamental y dedicarle el respeto que merece, ya te digo que la escritura tampoco te lo va a tener a ti, es de justicia. No vas a pintar bien si no sabes de perspectiva, esculpir bien si no sabes de proporciones, escribir bien si no sabes de ortografía y gramática, y eso sólo para empezar.

La necesidad de apasionar

Para apasionar profundamente a unos has de decepcionar profundamente a otros. Personalmente, siempre he querido llegar a unos pocos y meterme tan adentro que acabe tocándolos ahí donde otros no pueden. Y eso no lo conseguiré, por definición, haciendo lo mismo que los demás, siendo tibio, siguiendo métodos paso a paso que inventaron otros, escondiendo o dulcificando lo que tengo dentro a fin de que, quizá un puñado de gente que no me importa, no se moleste. Debería ir adrede a molestarlos, sería mucho mejor brújula hacia un buen lugar que intentar evitar todo eso. Sé que es mi ilusión ser totalmente libre cuando escribo, de hecho es el sitio en el que más libre me he sentido nunca. Pero sé también que no va a ser así siempre ni todas las veces, como no va a ser que escribamos libremente sobre lo que queramos, como comentaba en otro capítulo de este dislate. Es inevitable estar mediatizado por los demás, por la moda y lo que oyes, lo que lees en las redes sociales, lo que dicen esos lectores beta, cero o como sea que se llamen ahora. Pero uno puede aspirar a luchar activamente contra eso, porque como no te resistas un poco, te tragará y te va a conquistar la escritura.