Cómo ser una escritora famosa, según Louisa May Alcott

Cómo ser una escritora famosa, según Louisa May Alcott

Hoy, una carta.

Hace mucho de la última que refugié aquí para que no se perdiera del todo y a veces pienso si habrán muerto definitivamente o quiénes son los últimos que todavía las escriben y leen. También en qué pondrán o cómo será la última que se firme, señales de hacerse mayor.

En esta carta, Louisa May Alcott, autora de la celebrada Mujercitas, responde a una fan llamada Miss Churchill que, como muchas otras mujeres de entonces, encontraron en Alcott y sus páginas una esperanza, una ventana abierta por la que escapar del diminuto mundo en el que se encontraban encerradas bajo llave.

Dice así:


Querida Miss Churchill:

Solo puedo decirle, como le digo a los muchos jóvenes escritores que me piden consejo, que no hay un camino fácil hacia el éxito como escritor. Se tiene que ganar con una labor larga y paciente, muchas decepciones, incertidumbres y pruebas.

El éxito suele ser un accidente afortunado que llega a quienes quizás no lo merecen, mientras que otros que sí, tienen que esperar y tener esperanza hasta que lo consiguen. Este es el mejor tipo de éxito y el más duradero.

Trabajé durante veinte años mal pagada, poco conocida y sin otra ambición que la de ganarme la vida, ya que decidí mantenerme por mí misma y comencé a hacerlo a los dieciséis años. Este largo ejercicio me resultó útil y, cuando escribía Bocetos de Hospital, junto a las camas de mis soldados en forma de cartas a casa, no tenía ni idea de que estaba dando el primer paso hacia lo que se llama fama.

Casi me cuesta la vida, pero descubrí el secreto para ganarme la atención y llegar al corazón del público, simplemente, contando los incidentes cómicos y patéticos de la vida.

Escribí Mujercitas cuando estaba enferma, para demostrar que no podía escribir libros para chicas. El editor lo consideró aburrido, igual que yo, y ninguno de los dos esperaba mucho de él.

Descubrimos nuestro error y, desde entonces, aunque no disfruto escribiendo cuentos morales para jóvenes, lo hago porque me pagan bien.


La carta es breve, pero esas pocas palabras dicen muchas cosas interesantes. La incapacidad de ver si algo tendrá éxito o no, de adónde lleva el camino o en qué punto del mismo te encuentras, el hecho de que, en caso de que ese éxito venga (que no suele), es producto de décadas de oscuridad y que siempre es un accidente afortunado.

Y que no importa la época o el autor, hay que ganarse la vida.

Si esa carta no es un espejo de la experiencia de un escritor, no sé qué lo es entonces.