El consejo de escritura que daría si solo pudiera dar uno

El consejo de escritura que daría si solo pudiera dar uno

Una vez me preguntaron que cuál era el consejo que podría dar a un escritor si sólo pudiera dar uno. La respuesta fue que, obviamente, no soy nadie para dar consejos. Y que también creo que, si hay algo que sobra en el panorama de la escritura, son precisamente consejos y dogmas desde el púlpito.

Todos los que tienen que ver con estilo, formas de hacer las cosas, cómo estructurar novelas, contar una historia, etc, se convierten pronto en corsés para la creatividad en muchos casos. Eso, cuando directamente unos consejos no contradicen a otros, que es lo que ocurre en cuanto lees unos cuantos.

_Una pequeña anotación, porque hoy día hace falta hacerlas para todo, pero me estoy refiriendo a escritores que ya han aprendido las bases de su arte y se han cuidado de conocer lo fundamental. Que no hablo ni siquiera de hacerlo formalmente, sino que puede haberlas absorbido inconscientemente de los libros buenos que lee.

Pero me desvío, como siempre, como cuando hablo y cuando escribo. Así que, si me paro a pensarlo, si tuviera que dar un único consejo, sería el de abrazar la incomodidad.

Que no suena bien, ni suena atractivo y ni siquiera suena a escritura, pero sí.

Porque forma parte fundamental del proceso y, sin embargo, apenas se habla de ella y siempre estamos debatiendo sobre otras cosas, cuando esta es una de las más importantes, porque si no eres capaz de abrazar la incomodidad, tampoco vas a ser capaz de escribir bien.

La escritura es un acto gozoso. Lo que ocurre es que muchas veces también es un acto incómodo, un caminar por el barro, un estrellarse contra la pared, argumental y estilísticamente. Una frustración, que también es un ingrediente fundamental para que al final se destile ese gozo incomunicable e irrepetible que el arte proporciona. Y no, no es una paradoja.

Cuando muchos escritores hablan de este gozo, o de que si la escritura no te divierte, no deberías hacerla, como por ejemplo hace Ray Bradbury, pueden transmitir una definición simplista y sin matices de lo que implica ese gozo del arte. Como cualquiera que haya amado de verdad sabe, las cosas no son tan sencillas ni tan unidimensionales, porque si lo fueran, no proporcionarían una experiencia compleja y rica, que va más allá de las palabras.

Tenía un profesor de literatura que decía que Disney había hecho un daño irreparable a la tradición cuentística europea, blanqueando y simplificando los cuentos tradicionales, borrando todo rastro de lo incómodo y, con ello, de la verdadera esencia, de los dobleces y las riquezas y los matices. Quedando solo un esqueleto irreconocible de plástico simple, como pasa también con muchos consejos de escritura.

Y que sí, que quién quiere abrazar al patito feo, que la incomodidad es eso, incómoda, pero se sienta con nosotros cada vez que nos ponemos y tras ella se encuentra todo eso bueno que queremos escribir.