Tras demasiado tiempo en esta quimera hacia ninguna parte, y con la sabiduría que da el fracaso, como dice la canción, me gustaría comentar algunas cosas sobre escritura y, sobre todo, publicación. De paso, me sirven como una especie de respuesta pública para el débil goteo de mensajes que aún me llega de vez en cuando, preguntando por estos temas, planteando dudas, pidiendo opinión…
Soy un desastre para responder, y no sé por qué a veces recibo esos mensajes, dado que no soy nadie. Pero ahí van algunas cosas que creo que conviene saber y no se repiten mucho.
Lo primero es dejar claro que la escritura es un acto solitario por naturaleza, así que más vale que te lleves bien con eso. De hecho, será aún más solitaria de lo que crees, porque nadie de tu entorno lo va a entender, y menos aún, le va a interesar realmente.
A menos que estés inmerso en un contexto muy lector (cosa poco probable), si tienes un poco de suerte te dirán que seguir los sueños es genial y todo eso, pero poco más. También acudirán a las presentaciones porque la obligación los llevará de la oreja y comprarán tu libro por compromiso, pero comprar y leer no son el mismo verbo.
O te pasará como a mí que, con mi primera publicación, la única pregunta de mi entorno al enterarse (no porque lo dijera yo, eso seguro) fue:
«¿Y con esto se gana mucho?».
Si buscas ampliar tus límites, y lees y escribes por la frontera de las cosas y de quién eres, pronto comprobarás que hay gente muy buena en esto. Pero muy buena. Y a su lado, te sentirás insignificante, un bebé que balbucea, alguien que siempre está empezando. Eso no es malo y, al menos, queda el consuelo de que ellos también comprobaron enseguida que nada sale a la primera cuando escribes. Eso tan genial que lees, aunque no lo digan, es un enorme trabajo de reescritura, edición, corrección e intentos para volcar sobre el papel la visión que tuvieron.
Algo que cuesta mucho más de lo que parece.
Y ahí está el mérito.
Luego, como el mito siempre es lo más importante, cada uno ya contará o se contará la historia que crea conveniente para su propia leyenda y aura de genio. Pero la realidad es que la escritura es una fábrica de salchichas. Quizá te guste el resultado final y parezca pulcro, pero no quieres ver cómo se ha hecho.
Otra cosa que no te cuentan es que puedes escribir dos cosas: lo que quieras o lo que creas que quieren los demás. La elección es tuya, pero la segunda es mucho más infeliz que la primera, la receta para odiar esto bien pronto.
Y, a pesar de lo que digan muchos que quieren venderte algo, ese enfoque de mercado no te acercará al éxito que ansías, ni a las ventas que deseas. Así que, mejor escribe lo que te dé la gana. Al menos, así no te irás de aquí con tu canción dentro.
No importan los estudios de mercado, ni los análisis sesudos de lo que desea «tu público». Muchas editoriales los hacen y se supone que tienen experiencia, pero casi ningún libro se acaba vendiendo y casi todas las editoriales acaban cerrando.
Del mismo modo, no hay fórmula para crear un best-seller. Todos esos libros que la prometen mienten (sorpresa), pero quién iba a pensar que la gente es capaz de hacerlo con tal de ganar dinero…
Por eso, para tener resultados de mierda y, encima, crear cosas de mierda que son pura mercadería, escribe lo que quieras. Así, al menos, la escritura te dará cosas que nadie, excepto aquellos que se dedican a un arte o aman algo de la manera correcta, podrán experimentar.
En cuanto al ancho mar de la publicación, decir que está lleno de piratas de todo tipo y los peores tentarán tu ego para que pagues por ver tu libro impreso (que no en las estanterías).
Hubo un boom de estas prácticas hace años, a las que se apuntaron incluso esas editoriales grandes que todos conocemos. Como ando muy alejado ya de la industria, y los pocos contactos que tuve los perdí, no sé si esa práctica ha disminuido o, simplemente, no la veo tan a menudo porque ya no me paseo por las aceras del sector.
Quizá, tras tanto tiempo, se han dado cuenta de que los escritores somos, por encima de todo, pobres como ratas. Pero también nos dedicamos a escribir, así que supongo que piensan (con razón) que somos expertos en tomar decisiones terribles, como pagar para que luego haya una caja de libros cogiendo polvo en casa.
En caso de conseguir una editorial que te publique, ten en cuenta que tampoco van a poner mucho de su parte para promocionar el libro. No es nada personal, la mayoría no tiene medios suficientes para ello y, los pocos que tengan, los dedicarán al pequeño puñado de títulos que sí despuntan algo más por lo que sea. Esos subvencionan sus costes y los del resto de volúmenes que no levantaron vuelo alguno.
Si quieres que tu obra se conozca, tendrás que hacerlo tú. Sin embargo, el impacto que podrás ejercer, a menos que por alguna razón tengas ya muchos seguidores por tu escritura (y no por los memes) será pequeño, la verdad.
Hablando de eso, a veces me junto con otros artistas e incluso con personas. Conozco al menos dos a las que grandes editoriales les han ofrecido un contrato de edición. Ninguna de ellas escribe, pero ambas tienen bastante éxito en redes por motivos no relacionados.
Como la escritura es parte de la vida, funciona con reglas parecidas, de forma que es mucho mejor tener padrinos que tener talento (que el talento no existe, sólo hay mucho trabajo consciente y buenas lecturas de las que aprender, pero ya sabes a qué me refiero cuando uso el término).
He visto a escritores que no han parado de dorar la píldora a otros más famosos, hasta introducirse en su camarilla y, con el tiempo, conseguir que los que están dentro de la fiesta comenten a algún editor o similar el nombre del adulador. Y así han logrado meter la cabeza. Si eso es lo que te va y no lo que te causa rechazo, puedes intentarlo, porque cada uno debe hacer lo que crea por su escritura. Quizá yo nunca la amé bastante para esas cosas, no lo sé.
Las probabilidades de conseguirlo de esa manera seguirán siendo diminutas, pero mayores que el casi cero que implica ir al ritmo de tu propio tambor.
Eso sí, esto no es necesariamente lo mismo que ir haciendo contactos y conocidos dentro de la industria, algo que, probablemente, es lo más importante. Estos resultan mucho más efectivos que mandar manuscritos y esperar que la suerte mire en tu dirección. Si te conocen un poco, te buscarán para colaboraciones, antologías, prólogos o cuando la editorial busque novelas de cierto tipo. En esos casos, y es normal, los editores empezarán por preguntar a «sus» autores si tienen algo así para echarle un vistazo.
La paradoja es que la escritura es un arte solitario, pero la manera de conseguir algo relevante suele ser la misma que para cualquier otro asunto humano, en grupo.
Que cada cual haga lo que pueda con esa encrucijada.
Otra cosa que compruebas enseguida es que calidad y éxito nunca tuvieron que ver. A la mayoría de gente le gusta lo familiar y sencillo, y una de las muchas bendiciones que proporciona la lectura es la huida y la evasión. Ya me parece bastante tal y como está el mundo y, si la proporcionas y es lo que de verdad quieres escribir, pues genial. Es posible que algunos cojan esa salida provisional encantados.
Échale un vistazo a las listas de ventas la próxima vez que visites Amazon, El Corte Inglés o la FNAC y, una vez elimines las dos o tres excepciones que siempre hay y confirman la regla, comprueba de qué están hechas.
Y si quieres y lo aguantas, hojea esos libros. Muchos te curarán del síndrome del impostor y de esa manía que has tenido de leer siempre a los buenos y, por culpa de eso, no sentirte nunca suficiente.
De hecho, también lo advierto, escribir lo original y diferente te condenará a los extremos, los rincones y la frontera de las cosas, en compañía de otros igual de raros que tú. Mi tipo de gente, pero no la que buscas si quieres un éxito que, como no puede ser de otra manera, sólo medimos en si «se gana mucho con esto».
Y no, me temo que un premio en un certamen, o varios, tampoco es una puerta que lleve a nada, ni hará algo por tu carrera, ya he comentado eso en otras ocasiones.
Por último, hablemos de la bicha que no se suele nombrar, porque esta no me la preguntan tanto, pero quizá deberían.
El éxito literario, como cualquier otra clase de éxito destacable en lo que sea, está hecho principalmente de suerte.
No importan las mil narrativas con las que se quiera maquillar cómo funcionan las cosas, la suerte es la jugadora más importante en esta partida llamada vida. Se sienta con cinco ases y otro en la manga y, al final, siempre dependerás de ella y de su última palabra. Que sí, que te tiene que pillar preparado, trabajando, etcétera, pero eso no es condición suficiente para nada. Puedes ser el más preparado y trabajador, que sin la suerte necesaria, da igual.
Y si, por lo que sea, consigues algo de esa suerte, impulso y nombre, no seas idiota como yo.
Cultiva lo conseguido, cuida a las personas que se te han acercado y aprovecha para ensanchar ese hueco todo lo que puedas, estableciendo una especie de cabeza de playa, que te asiente entre los guardianes de las puertas y los que están dentro de la fiesta.
Cualquier oportunidad es un tren que pasa una vez y no espera, porque una de las manifestaciones más poderosas de la suerte en la vida es el timing. Si no lo aprovechas, no volverá. Si crees que te van a recordar un tiempo después de que el destello breve con el que brillaste se apague, vas a tener un despertar muy duro a la realidad de las cosas.
¿Digo esto para desmoralizar? Al contrario.
Para empezar, sólo comento mi experiencia, que no es la única ni hay que grabar en piedra, ya que cada uno cuenta la feria como le ha ido.
Pero si sabemos a qué atenernos y, a pesar de eso, escribimos, al menos sabremos que amamos a la escritura por ella misma, y no por «su dinero».