Tres curiosidades sobre el proceso de escribir

Tres curiosidades sobre el proceso de escribir

Cuando empecé en esto, y durante mucho tiempo, pensé que el proceso de escritura debía ser de una determinada manera, que había formas correctas e incorrectas de llevarlo a cabo. Luego me di cuenta de que todos hacemos lo que podemos y cada escritura es tan diferente durante su creación como en su resultado. De hecho, si hay una panda de ritualistas supersticiosos adoradores del caos son los artistas. Por eso, hoy quiero compartir tres cosas sobre mi proceso de escribir que muestran que Machado tenía razón con lo de que no hay camino, se hace camino al andar.

Por ejemplo, en ocasiones vuelvo sobre viejos relatos que el tiempo me ha hecho olvidar y parecen nuevos. Y me sorprende una cosa, aunque quizá no debería hacerlo. Durante la reescritura, como en ocasiones no recuerdo todos los detalles, al llegar a algunos puntos pienso: debería desarrollar esto o seguir con esta otra idea. Así que lo hago y, al avanzar un poco más, me doy cuenta de que el Isaac del pasado ya había pensado y escrito exactamente eso mismo.

Me resulta curioso, porque me no sé si es una muestra de que la vida está determinada o de que lo estoy yo.

Otra curiosidad quizá inesperada es que las mejores historias, en mi caso, no suelen salir de las mejores ideas. De hecho, a menudo es al revés. Son el resultado de un largo proceso iterativo partiendo de narraciones que, en principio, no esperaba que fueran a discurrir por donde terminaron yendo, o bien no me parecieron ocurrencias espectaculares cuando comencé a escribirlas.

A lo que me refiero es que, en ocasiones, tienes esa idea que parece fenomenal en tu cabeza, llena de potencial. Pero cuando llega la hora de ponerlo en negro sobre blanco, la realidad tiene la manía de no parecerse a las fantasías perfectas de la imaginación. Así que se atranca, estás insatisfecho de su desarrollo y lo escrito no te parece a la altura de la idea. Sin embargo, algunas de las historias de las que estoy más satisfecho partieron de pequeños detalles humildes o comienzos que no parecían gran cosa.

En mi caso, a riesgo de quitarle aura a la escritura, es un proceso de talla constante y cuidadosa, de pulir, repetir, pulir, repetir. Y en muchas ocasiones, de hacerlo tras ese tiempo de barbecho que permita olvidarme del texto.

Lo contrario al mito del virtuoso que se sienta e invoca genialidades de la nada. Para mí al menos, es un proceso artesano de reescritura una y otra vez, una y otra vez. Y dicho proceso es muy dado a que mi personalidad obsesiva tome el control, de modo que nunca le parezca reescritura suficiente. Y si lo comento, con toda su falta de atractivo, es por si alguien creyó que esto funciona con genialidad a golpe de musa, cuando es más ese trabajar la madera con cuidado.

La tercera curiosidad es que no paro de reescribir una historia cuando creo que está como quiero, ya que nunca considero que lo estará. Termino de reescribir cuando me obligo a ello. Me detengo cuando creo que está mínimamente aceptable y ya le he dedicado demasiado tiempo, porque si no, me quedaría atrapado en la misma historia.

En esos casos, decido enviarla a algún concurso si cumple las bases o bien empiezo con otra cosa. También ocurre que me resulta más cómodo reescribir que enfrentarme a la página en blanco, ya que me requiere mucho menos esfuerzo. Así, aunque parezca paradójico, he pecado de procrastinar reescribiendo.

Por supuesto, cuando semanas o meses después vuelvo sobre la historia, por ejemplo para enviarla a otro concurso porque no consiguió nada en el anterior, entonces sí me permito rehacer de nuevo con la perspectiva fresca del tiempo (muchas veces, descubriendo con horror cuánto le quedaba por pulir).

No sé si hay moraleja en todo esto, pero si tuviera que encontrar algo parecido sería que la escritura no es un proceso que tenga que se haga de una determinada manera «correcta» y que lo que no encaje está «mal», sino más bien un parto confuso y problemático, influenciado por obsesiones, emociones, manías y formas de ser.

Un proceso imperfecto, a veces feo y otras genial, a veces frustración y a veces meditación.

Escribir es expresarse en más sentidos que en uno, por eso no solamente las líneas, sino la manera de construirlas, tendrán lo bueno y no tan bueno que llevemos dentro. Y eso les otorgará también lo que podemos aportar nosotros y nadie más.