El río y el dique

El río y el dique

Hace un par de semanas escribía sobre musas y cómo muchos escritores hablan de esas musas o de cómo lo que cuentan viene de un lugar ajeno a ellos, de una naturaleza incluso más elevada signifique eso lo que signifique.

Es una tendencia más extendida de lo que pensaba y, personalmente, yo no la siento ni vivo así, pero si me preguntan por la naturaleza o el origen de lo que escribo, la respuesta real es «no lo sé», pero supongo que tengo una opinión, como todo el mundo.

Para mí, la escritura no es algo ajeno o necesariamente elevado, nada inspirado por musas u otros entes, sino todo lo contrario. Para mí, la escritura viene de «dentro», de lo que probablemente seamos de verdad una vez somos capaces de quitarnos los condicionamientos, las inhibiciones, lo inculcado y lo que nos limita, ya sea interno o externo.

Para mí no es una cuestión de que nos inculquen algo, sino todo lo contrario, de quitar de en medio todo lo posible para poder expresar en total libertad lo que hay dentro y que, en su camino de salida, se queda varado en mil cosas de todo tipo, desde las opiniones de los demás, hasta los traumas o el condicionamiento de las mil cosas que nos influyen, pasando por todo eso que nos constriñe e inhibe.

Siempre he hablado de la escritura como uno de los pocos grados y espacios de libertad y, además de eso, creo que es una excelente herramienta para tratar de conocer descubrir quiénes somos. Que suena un poco a autoayuda, como si eso nos fuera a hacer mejores o seres especiales de luz con una vida maravillosa, pero en realidad, es todo lo contrario. Y más si nos fijamos en el escritor medio.

Si vamos a escribir bien, si vamos a expresar realmente eso que tenemos dentro, es imposible hacerlo sin que los miedos, las inhibiciones y todo eso que evitamos nos mire enseguida y se ponga también en nuestro camino.

Incluso cuando el envoltorio de la historia resulte ligero en apariencia o del tema y género que sea (pues poco importa), cuando la escritura tiene algo de alma (signifique eso lo que signifique de nuevo), se la debemos conceder nosotros. Pero esos destellos no suelen estar en la superficie, sino debajo de ese montón de cosas que debemos quitar, para que brille, discurra, salga y se vuelque en la página.

Así que para mí no es una cuestión de llamar a nada externo ni añadir musas al baile, sino todo lo contrario, quitar diques para encontrar el río interno y que discurra.