No recuerdo bien cómo tropecé hace tiempo con este vídeo de escritores consagrados, un montaje con sus respuestas a la típica pregunta de: «¿Qué le dirías a un joven escritor que empieza?».
La mayoría coge el cliché y lo echa a rodar empujándolo con más clichés hasta formar una tediosa fila de tópicos que ya has oído mil veces: Que si debes divertirte con lo que haces, que si has de tener pasión, luego alguien saca a pasear la bicha del talento, mientras otra dice que debes tener fe en ti mismo y no abandonar nunca…
En general, el horror. Pero he aquí que llega Richard Ford a los dos minutos con sus consejos a un joven autor que todavía conserva algo de brillo ahí al fondo de la mirada:
Intentaría convencerle de que no lo intentara si pudiera. Porque probablemente no vas a ser muy bueno. Tu pareja probablemente no va apoyarte, probablemente vas a tener un problema con la bebida y probablemente vas a estar frustrado si llegas a tener hijos y probablemente no vas a ganar un céntimo.
Tras eso, otros escritores siguen la retahíla: «Le diría que fuera muy paciente», etcétera. A los 3:45 minutos, Ford desciende de nuevo en el montaje con más sabiduría para repartir sin guantes.
Escribir, si funciona, es un intento tan imposible que el hecho de que yo haya tenido una vida como escritor durante 46 o 47 años es ridículo. Y he trabajado como un perro y sigue siendo ridículo. Así que, encuentra algo mejor. Si no puedes encontrar algo mejor, si lo intentas durante suficiente tiempo, a lo mejor tienes un asomo de vocación.
Francamente, el de intentar hacer otra cosa es el consejo más útil de todos los que aparecen.
También el más honesto.
Los escritores somos creadores de historias y las historias tienen, como función principal, ayudarnos a seguir viviendo, interpretando las cosas de una manera que, primero aleje lo malo, después haga soportable la experiencia y, finalmente, la convierta en positiva.
Eso tiene un lado oscuro. Cuando lo hemos conseguido, tendemos a mirar atrás, a recordar todo el trabajo duro, la perseverancia, lo que pusimos en juego…
También borramos esa suerte de la que hablaba la semana pasada, o al menos minimizamos su papel porque, con todo lo que hemos pasado, aquí los héroes somos nosotros y los ganadores escriben la historia. Así nos queda un precioso cuento chino de perseverancia que condenará a muchos de los que la escuchen, creyendo que es real y reproducible en ellos. Así que perseguirán su sueño, serán pacientes o creerán en el talento.
Por eso, siendo pragmáticos, de todo ese vídeo el consejo más acertado es el de Ford, que dice las cosas como son y es consciente de que las probabilidades de lo que le ha sucedido a él son tan ridículas que hay que decirlo, eres el hombre al que le cayó el relámpago.
¿Quieres ser un gran escritor como Richard Ford? En ese caso, trata de buscar algo mejor y sálvate.