El corazón de Mary Shelley

¿Cómo distinguir un acto de amor de un acto de locura?

No se puede.

Mary Shelley soñó monstruos en Villa Diodati durante un verano sin sol y nos entregó la obra maestra que es Frankenstein o el moderno Prometeo. Mary estuvo casada con Percy Shelley, famoso por uno de mis poemas favoritos, Ozymandias.

Percy, con apenas 29 años, navegaba en su bote, el Don Juan, cuando se desató una tormenta por el Golfo de Spezia que lo hundió, ahogando al escritor y sus acompañantes cerca de costas italianas.

Las leyes del lugar obligaban a disponer cuanto antes de los cadáveres que llegaron a la playa, irreconocibles excepto por las ropas. Así que se dispuso la cremación de Shelley, que sería inmortalizada por Louis Edouard Fournier en el cuadro que ilustra este artículo. Aunque Mary aparece en el mismo, no estaba en el funeral. Respecto a Lord Byron, también presente en el cuadro, no se sabe. Se dice que estaba, se dice que huyó al ver el cuerpo de su amigo, deformado y sin apenas carne sobre el hueso.

Quien sí estaba era Edward John Trelawny, novelista y aventurero, amigo de Percy Shelley. Y durante esa cremación, Percy no ardió.

O al menos una parte de él no lo hizo, su corazón, que resplandecía con una llama azul brillante, causada por un fluido aceitoso derivado, según médicos que trataron de explicar después el extraño fenómeno, de una calcificación por un brote anterior de tuberculosis.

Viendo que el corazón no ardía, Trelawny lo sacó del fuego con sus propias manos y lo llevó hasta Mary como regalo. Porque si eres un romántico, uno de verdad, me refiero, y no esa bastardización del término que nada tiene que ver, eso es lo que haces.

Y si eres la mujer que nos dio el Moderno Prometeo, cuando presencias ese regalo, lo coges, lo guardas y lo llevas contigo a todas partes envuelto en seda el resto de tu vida.

Cuando Mary falleció, alguien lo encontró en su escritorio, envuelto en las páginas de uno de los últimos poemas de Percy.

Hace unos días preguntaba que cuándo fue la última vez que te escribieron una carta de amor. La cuestión clave, quizá, es cuándo fue la última vez que conociste a quien guardaría para siempre tu corazón indestructible.

Así era el amor romántico y lo que le rodeaba, antes de ser abaratado y arrastrado por el fango. Curiosamente, la historia tiene un poco más de miga.

Trelawny era, realmente, uno de esos perfiles aventureros que ya no existen, un buscavidas escritor que dijo escuchar la confesión en el lecho de muerte de un pescador italiano, que afirmaba que embistió el barco de Shelley, en un plan para robarles que causó la muerte.

Trelawny aseguraría que Percy fue realmente asesinado y, mientras tanto, un oscuro artículo del New York Times de 1885 afirmaría que, en realidad, no fue el corazón el protagonista de esta historia, sino el hígado.

Sin duda, la vida de los escritores de ayer es idéntica a la de los de hoy…