El deber de escapar

El deber de escapar

Cuando era pequeño, vi La gran evasión y aprendí que un prisionero de guerra tiene lo que se llama el deber de escapar.

Es su misión, si ha sido atrapado por el enemigo, tratar de fugarse por cualquier medio.

Cuando se habla de literatura, también se habla a veces de evasión. Normalmente, de una manera peyorativa, igualándola a calidad pobre, personajes trillados y argumentos repetidos hasta la náusea. De hecho, hay géneros enteros que suelen estar ligados a ese término.

Yo, como todo el mundo, uso la literatura para muchas cosas y también para escapar, lo cual no sólo no creo que tenga nada de malo sino que, como en aquella película y como si fuéramos prisioneros de guerra, es nuestro deber evadirnos de lo que nos rodea.

Huir, aunque sólo sea un momento, del contexto que se ha construido a nuestro alrededor, debe ser nuestra obligación moral.

Al menos, dado que ese contexto es injusto, utilitarista, no ve más valor que el mercantil y exprime las últimas gotas de lo que ya ha roto sin remedio, que es casi todo.

Es nuestro deber más sagrado darle lo menos posible (que de todas formas ya será demasiado) y reivindicar lo que se nos robó: desde el «dulce no hacer nada», hasta el leer y escribir por el mero placer de hacerlo y no por un motivo práctico más allá de eso.

Y si la literatura es una de las puertas de escape, no creo que eso sea peyorativo, sino todo lo contrario. Nos protege, aunque sea un momento, del incesante bombardeo infeliz al que estamos sometidos, nos recuerda lo que perdimos, nos consuela y nos repara un poco. O, al menos, nos da un respiro y agua para seguir.

De hecho, la literatura, en general, es evasión porque te traslada a otro lugar. Ya sea con narraciones sencillas en las que ganan los buenos y el amor, con estilos que atrapan por su virtuosismo o historias que llegan tan hondo, que tardarás en regresar de ellas y dejarán un hueco cuando terminen.

Ahora, a mí me pueden gustar más o menos ciertos libros. Y si me preguntas, puede que te dé mi opinión sobre lo que suele copar las mesas de novedades de El Corte Inglés. Pero desde luego, lo que no le voy a quitar a nadie es el derecho de que disfrute de lo que le guste. Del derecho y el deber de escapar. Y si ese es el barco que le lleva un rato a costas mejores que estas, entonces genial, porque de veras creo que es uno de los objetivos más sagrados de la lectura y la escritura.

En serio que, si no va a arder, lo menos que le debemos a lo que nos rodea es ignorarlo, no creer las historias que nos cuenta y escapar con otras cuando podamos y en cuanto podamos.

Total, tampoco va a ser durante mucho tiempo.

Si eso lo conseguimos montados en un libro, genial. Y si es con el mejor o el peor de los cuentos, da igual. Pero tenemos el deber de escapar y la evasión no es insultante, es la demostración de que la literatura está haciendo exactamente aquello para lo que se creó.