Nadie ha hecho nada relevante, o ha dejado huella, haciendo caso a los estudios de mercado o a la mayoría. Por definición, no es ahí donde está lo genial, lo nuevo o lo que rompe. Henry Ford lo dijo bien claro (que en realidad no, porque la cita es apócrifa, pero eso no importa): «Si hubiera escuchado a la gente, habría intentado hacer caballos más rápidos». Steve Jobs también lo dejó en negro sobre blanco y se guió por el principio de que la gente no sabe lo que quiere, en la mayoría de ocasiones, hasta que lo ve. A ver quién le quita la razón viendo a Apple. ¿A qué viene esto? Hace tiempo, supongo que con buena intención, me recomendaron un libro titulado: Write to market, de Chris Fox. Por el título, el contenido es imaginable, pero como era barato y una multitud juraba por él, le eché un vistazo. Así que cometí tremendo error, yendo en contra de mi afirmación inicial. La tesis principal de Fox es que escribir primero un libro y mostrarlo al mercado después es una equivocación. Primero has de ver qué quiere el mercado y luego hay que escribir el libro para él. Se trata de plantear la escritura como un plan de marketing. Primero, un análisis del público objetivo, sus deseos y todas esas chorradas que, en teoría suenan bien, pero en la práctica son imposibles de ejecutar con éxito y no sirven de absolutamente nada. No voy a empezar con las 3.000 razones por las que ese enfoque fracasa en un libro de ficción, porque ese no me parece ni siquiera el principal problema. El principal es que, cualquiera que ame mínimamente la escritura, sentirá un escalofrío espalda arriba ante esa premisa. A mí, que alguna vez me toca ser mercenario, se me parte el poco corazón que me queda cuando he de trabajar así. Y, ni qué decir tiene, no vuelco lo mejor de mí en encargos «para el mercado». Al contrario, es una manera de hacer miserables las horas ante el teclado. Obviamente, la mentalidad de Fox y su libro es vender, no escribir bien. Y si vender es lo que tienes en mente, el 99% de veces no lo conseguirás de todas formas con ese enfoque fallido, pero, lo que puedes dar por seguro el 100% de veces es que nunca vas a crear un buen libro. Sin embargo, el de Fox es el signo de los tiempos y se ha contagiado a todas partes. Ahora, no es raro que una editorial te pida en la propuesta que le hagas ese mismo plan de marketing, especificando de antemano para qué público va dirigido o en qué géneros se encuadra. Siguiendo las premisas de Fox, estás manufacturando un producto cualquiera, no un libro. Aunque el problema es sin duda mío, que aún quiero creer que el libro no es un producto cualquiera. Obviamente, lo es a tenor de lo que se publica mayoritariamente, aunque esos no son los libros que leo, ni los libros que perduran tras la única prueba importante: el tiempo. Lo he explicado miles de veces, desde lectores cero, hasta familiares y amigos, pasando por el mercado o la corrección política, cualquiera que intente influir o retorcer lo que sale de ti, hará peor tu escritura. En el caso de ese ente llamado «mercado», hacerle caso te arruinará por dos razones. Una es que la muchedumbre no contiene ninguna sabiduría, sino todo lo contrario, algo de lo que ya hablé en la ignorancia de las multitudes. La otra, por si no es bastante patente, es que la mayoría de gente quiere Sálvame, Ronaldo y Aquí no hay quien viva. La mayoría aúpa a la Esteban o al Rubius a las listas de ventas, con libros que no merecieron el sacrificio de los árboles. ¿De verdad quieres escribir para esa gente? Porque eso es el mercado, amigo. La mayoría no lee, y hemos llegado al punto de involución de rizar el rizo y hacer libros para la gente que no lee. Libros de Youtubers con letra grande y dibujos, libros de digestión rápida porque si no, ya se sabe, el móvil está ahí con sus lucecitas y pitidos. Y te convencen de que tienes que competir con eso. No, no tienes, tienes que hacer todo lo contrario de lo que dicen esas voces esquizofrénicas. El libro que publiques quedará ahí y, si uno tiene verdadero amor por la escritura y ser el mejor que pueda ser, ese texto de mierda te perseguirá toda la vida. Por treinta monedas falsas de plata, has invocado un espíritu que te incordiará para siempre.