Hay preguntas que parten el corazón. Una de ellas es «¿Para qué sirve el arte?».
Una pregunta que ni debería hacerse, porque ya implica que quien la realiza muestra esa terrible mentalidad de que las cosas (y las personas) deben tener necesariamente una utilidad práctica, «ser productivas», signifique eso lo signifique.
Que para justificar tu existencia no basta con ser, sino con servir.
¿Servir a qué o para qué? Esa es la implicación más terrible y fastidiosa, porque al final de todo eso suele estar el dinero. Si algo no es un instrumento útil para la ambición material, que de todas formas nunca te llenará, ¿entonces qué sentido tiene?
Hace ya más de 5 años hablaba del actor Ethan Hawke y ahora vuelve por aquí contando la historia del poeta Allen Ginsberg que, teniendo la oportunidad de salir en la televisión, la aprovechó para cantar una canción a Khrisna y dejar a todo el mundo con gesto de extrañeza.
Eso incluyó a sus amigos artistas que le preguntaron cómo pudo desperdiciar su oportunidad en «eso».
Pero Ginsberg, fiel a sí mismo, dijo que era un poeta y había venido aquí a protagonizar el papel de loco. Y es más, lo hizo y todo el mundo que lo vio se quedó preguntándose extrañado quién era ese payaso poeta. Algo que está genial, porque por sí solo ya mueve los cimientos bajo los pies de muchos, cuestionándose cómo puede haber otras personas que vivan o actúen así, tan alejados de los días de metro y café soluble, de lo que se supone que debe ser, de lo productivo y los que les inculcaron hasta ser esos que se preguntan qué utilidad tiene el arte.
Y aquí entran las palabras de Ethan Hawke, que todos deberíamos leer y por eso las dejo aquí para quienes encuentren el camino hasta ellas.
Y así, me parece algo muy liberador (se refiere a lo que hizo Ginsberg en televisión), porque creo que la mayoría de nosotros queremos ofrecerle al mundo algo de calidad, algo que ese mundo considere bueno o importante.
Ahí está el verdadero enemigo, porque no depende de nosotros que lo que hagamos sea bueno. Y si la historia nos ha enseñado algo, es que el mundo es un crítico extremadamente poco fiable, ¿verdad?
Así que has de preguntarte: ¿la creatividad humana importa?
Bueno, la mayoría de gente no emplea mucho tiempo pensando en poesía, ¿no? Tienen una vida que vivir y no les preocupan demasiado los poemas de Allen Ginsberg ni los de nadie… Hasta que se les muere el padre, van a un funeral, pierden a un hijo, alguien te rompe el corazón… Ya no te quieren y de repente estás desesperado por darle sentido a esta vida.
¿Alguien se ha sentido tan mal como yo antes? ¿Cómo salieron de esta nube negra?
O al revés, ocurre algo grandioso. Conoces a alguien y el corazón te estalla. Lo amas tanto que ni siquiera puedes ver con claridad. Estás mareado y preguntas: ¿Alguien ha sentido esto antes? ¿Qué me está pasando?
Y es entonces cuando acudes al arte y el arte no es un lujo. Es, de hecho, sustento.
Lo necesitamos.
El arte no debe servir para nada, el arte es Allen Ginsberg encarnando El Loco del tarot. Pero en realidad, el arte es lo más importante por razones como la de arriba y muchas otras.
Pero lo más importante es que no las necesita, como las personas no necesitan ser útiles ni productivas para tener todo el derecho a ser.