Huellas en la arena

Huellas en la arena

El mundo está como está y vengo yo a hablar de huellas, arte y las ínfulas sin importancia de los que lo practican. Pero es que el mundo siempre está como está, sólo que ahora, más acelerado cada vez y de eso va un poco todo, de correr y correr más rápido, aunque nadie sepa hacia dónde o si debemos hacerlo en primer lugar.

El arte, la escritura, no son inmunes a eso y hace poco tenía un debate acerca de que muchas series, películas y libros, que se estrenan o publican ahora, pueden ser mejores o peores, geniales incluso, pero ya no dejan una huella cultural, un poso que perdura, del que se habla por mucho tiempo que pase y que moldea las imaginaciones y a sus dueños. Es consumir y olvidar, consumir y olvidar, una trituradora que no deja libros de los que se siga hablando, series que recordemos en cuanto pasa más de un mes, canciones que se canten siempre o películas que se conviertan en clásicos que se comenten o estudien diez años después.

O esa es mi impresión subjetiva, claro, la enorme dificultad hoy de dejar una huella en la arena y supongo que, en gran parte, es por la enorme cantidad de huellas y el hecho de que el mar está más agitado que nunca, de modo que no dejan de venir nuevas olas que las borran enseguida de una memoria que de por sí ya está arrasada.

Demasiados libros, demasiadas películas, demasiado contenido, la peor palabra que ha contribuido a que las obras se hayan convertido apenas en fantasmas de una frenética cadena de producción que no puede parar. Demasiado ruido en general, demasiados idiotas, demasiadas ventanas por las que un torrente imparable de estímulos se cuela y grita cosas inanes, que no te dejan en paz ni espacio para que nada germine y crezca.

Y luego está la velocidad además de la cantidad, claro, la incapacidad de poder seguir nada o mantener nada en la mente demasiado tiempo, porque detrás viene empujando otra cosa que exige tu atención a gritos.

Sé que es adrede, la distracción que no termina y no permite concentrarse lo suficiente en nada, el timo y el robo que no cesan, pero saber las cosas no sirve de mucho.

Creo que el arte es algo que camina despacio en una cinta de correr que no se detiene y cada vez se acelera más, de modo que ese arte se queda atrás y va importando menos. Creo que el contexto contribuye a que, como de todas formas todo es masticar y escupir sin tragar, la mayoría de obras tampoco se esfuerzan en ser memorables porque para qué. No va a marcar una diferencia, ni tampoco perdurará en la mente arrasada de nadie, además de que el sistema te pide simplificar, porque todo el mundo tiene un ojo en el móvil todo el rato.

Pero bueno, son cosas que creo, pero no sé si son realmente verdad o sólo una impresión subjetiva, aunque en la práctica no hay una diferencia.

Supongo que, como siempre, no hay solución, sino pequeños actos de rebeldía que a nadie importan, como caminar en lugar de subirse a ese tren, coger las escaleras y no el ascensor, aislarse del ruido todo lo que puedas y hacer un poco de tiempo en la vorágine para escribir y leer como siempre. Como si nada hubiera cambiado. Como si se pudieran seguir dejando huellas en la arena.