Lo importante

Lo importante

Los autores nos damos muchas ínfulas con esto de escribir, yo mismo hablo de ello cada miércoles como si fuera algo fundamental, pero afrontémoslo, no estamos curando el cáncer, ni llevando agua donde no llega. De hecho, ni siquiera vamos a salvar a la literatura ni tenemos a miles esperando a ver qué decimos a continuación.

La escritura en sí no es importante, lo es la vida más allá de los renglones, esa es la verdad.

Lo importante es amar, sentir, pensar, descubrir, quitar la pantalla que siempre tenemos en medio y tocar el mundo y a quienes lo habitan sin intermediarios, sin una historia preconcebida en nuestra cabeza que nos vendieron y nos dice cómo debemos sentirnos respecto a algo, en lugar de sacar las conclusiones nosotros mismos.

Porque todo lo que vamos a escribir, todo lo que merece la pena contar va sobre eso, así que más vale que lo experimentemos de manera orgánica y real para poder escribirlo y transmitirlo de una manera que consiga emocionar.

Yo he usado la escritura como refugio mil veces y sé que no soy el único y está bien, es una de sus funciones, además de que ayuda a comprender y curar en muchas ocasiones. Pero no puedes quedarte en puerto para siempre. Al final, hay que volver y sentir y que a veces duela para poder contarlo.

Pero ahora vivimos, yo el primero, con una pantalla entre nosotros y lo importante, lo cual, en lugar de retratar la vida, lleva a escribir sobre ese simulacro con el que nos alimentan a través de esas pantallas y así nos va, que no conectamos con el lector porque no conectamos con lo real ni la emoción que hay tras ello.

Creo que, si queremos escribir bien, es imperativo vivir sin intermediarios, sentir de primera mano, explorar de nuevo pelándote las rodillas, conocer a otros de verdad y escapar de esta horrible cárcel virtual que nos cuenta un simulacro falso de realidad, moldeado por mil intereses.

Eso supone encontrarse con más de un gilipollas y más de dos decepciones, pero es mejor que la alternativa de vivir al fondo de una cueva, escuchar sólo lo que queremos y contar lo que nos dice la pantalla que son las cosas, en lugar de averiguarlo nosotros.

Buena parte de lo que se ha perdido en la escritura es esa faceta de explorador que tenían siempre los contadores de historias. Ir al lugar que deseaban retratar, vivir las experiencias que querían narrar. Ahora lo puedes teclear y una pantalla te lo cuenta y tú cuentas lo de la pantalla y por eso muchas experiencias parecen la copia de la copia, la última serie que has visto, lo que te dijo ChatGPT cuando le preguntaste.

Si no interactuemos con el mundo y los demás cuerpo a cuerpo, nos perdemos lo importante y convertimos lo que escribimos en mediocre. No retrataremos bien a un personaje que no hemos conocido de verdad, no recrearemos bien situaciones que no hemos vivido, no podremos reflejar emociones a las que no miramos y de las que huimos todo el rato.

Porque eso es lo importante y, la verdad, escribirlo o no es secundario.