Hoy hablo de Juego de Tronos, pero tranquilos que no destripo nada, como mucho comento dos hechos que suceden en la serie y los libros, pero ocurren en la primera y tercera temporada. Así que, si sigues la serie, hace entre ocho y cinco años de aquello, mientras que de los libros hace más de veinte. Así que creo que se ha tenido suficiente tiempo.
La serie Juego de Tronos ha terminado y hay por ahí una iniciativa en change.org para rehacer la última temporada porque a algunos fans no les ha gustado.
Y al parecer pasan del millón los que han firmado.
Aunque me explota la cabeza el tema de esas peticiones en change, que sólo sirven para que la empresa gane dinero vendiendo tus datos (enhorabuena a los premiados), el tema hoy es el hecho de que, si hay algo aún más tonto que Change.org es el de ceñir una historia al gusto de sus lectores o consumidores.
He aquí un vídeo del propio George R.R. Martin hablando sobre el tema de cambiar la escritura según los gustos del que te lee.
Para los que no sean muy duchos con el inglés, comento lo más importante de esos 3 minutos.
La esencia se resume en una frase que deberíamos tatuarnos: El arte no es una democracia.
En el caso del propio Martin, él mismo dice que los fans no influencian la historia en ningún punto esencial, a pesar de la turra que dan constantemente.
Ahí está la esencia de lo que hace tan buena y tan adictiva la historia, en ignorar lo que dicen que desean, lo que les gustaría que pasara. Querer cambiar lo que escribes al gusto del consumidor me recuerda a la vieja historia de que uno se empeña en cambiar a su pareja a su gusto y, cuando eso sucede, la deja porque ha cambiado y, obviamente, ya no es aquella persona de la que se enamoró.
Pero es que, además, el hecho de cambiar la historia a gusto de una supuesta mayoría va a hacer de ella algo mediocre necesariamente.
Para empezar, ya he hablado de cómo en la multitud sólo hay ignorancia así que buena suerte siguiendo sus directrices. para seguir, se haga lo que se haga nunca va a llover a gusto de todos. Es algo sencillamente imposible, así que es una empresa inútil en la que quitarás todas las aristas a la historia, traicionarás tu esencia y tu arte, tratarás de contentar a todos y no conseguirás apasionar a nadie.
Uno de los motivos principales por los que va a suceder esto de manera inevitable es comentado también por Martin en el vídeo, con un ejemplo que lo ilustra de manera demoledora.
Si uno hiciera lo que sus fans quieren o lo que los lectores recomiendan (y obviamente todo lo que digo es extensible a lectores cero y similares) ¿hubiera muerto Ned Stark al principio de la historia?
Por supuesto que no.
Si Martin hubiera preguntado, o hubiera hecho la ronda de votaciones entre los fans, o hubiera recabado opiniones, estos lo habrían salvado.
Y tiene toda la razón. Si le preguntas a la gente, ¿crees que debería ocurrir la Boda Roja? Una gran mayoría habría vuelto a decir que no, que eso era inconcebible y Robb Stark debería haber continuado su campaña triunfal y el libro se acaba cincuenta páginas después, siendo una verdadera y enorme mierda por hacer caso a todos esos que quieren tener algo que decir.
Precisamente todo eso que los fans aman de Canción de hielo y fuego la habría asesinado, la particular boda roja de la historia. Y por eso mismo los fans hubieran hecho que los libros fueran otra olvidable saga más de literatura de cliché, quejándose después y por supuesto de ello.
Martin lanza un dardo más, diciendo que uno de los problemas de productoras de cine, televisión y similares es el de hacer las cosas teniendo en cuenta las opiniones de focus groups y sandeces similares.
Así ocurre que, básicamente, en el cine se estrena una y otra vez la misma película donde el héroe nunca está realmente en peligro, el malo es de cartón y es necesario explotar cosas, porque la historia no causa ningún sentimiento ni emoción duraderos. Doy fe, pues cada semana voy al cine. Siempre en el punto medio, intentando contentar a una mayoría, siguiendo los designios del mercado, se arranca cualquier atisbo de originalidad y se procura no molestar a nadie.
Y así, la mayoría de películas y libros se vuelven olvidables. Pero Juego de Tronos no.
Es importante también cómo Martin resalta otro punto clave: el hecho de que no puedes ni debes contentar a todos y que, si a alguien no le gusta lo que haces, que se vaya.
Hay por ahí una «literatura de confort» (la llama él) donde el héroe siempre gana y el banquete final sirve perdices. Ve ahí si quieres, que yo personalmente prefiero tener a esos lectores allí, bien lejos y entretenidos.
Es imposible hacer buen arte, arte propio al menos, escuchando a los demás. El arte no es una democracia. Cuando lo es, se convierte en un monstruo de Frankenstein que tiene un cuerpo remendado y está exento de alma. Además, se parecerá tanto al resto, a todos esos clichés, que nadie lo recordará. Y tú, que has escuchado a lectores cero, fans y amigos, te preguntas confuso qué ha pasado con ese libro que se suponía iba a triunfar pero no lo ha hecho igualmente, de la misma manera en que por fin cambiaste para hacer lo que decía siempre tu pareja y ahora te ha abandonado.
Y te lo mereces. Porque no estabas tratando de hacer arte, estabas tratando de manufacturar un producto y los lectores son malos escritores.